
“El enemigo no puede ser atacado directamente. Si lo aproximamos frontalmente el enemigo es impenetrable. Si al enemigo lo aproximamos frontalmente debemos reconocerlo vencedor. Para continuar victorioso el enemigo requiere nuevos enemigos frontales. Ésos no existen; entonces el enemigo los inventa. Ésta es la oportunidad que aguardamos para emprender incontables ataques laterales. Así es la estrategia de la resistencia.” John Berger, De A para X. Una historia de cartas.








La dinastía de los borbones ha sido una verdadera plaga durante los tres siglos de reinado de España: baste recordar a Carlos IV y su esposa María Luisa, y su amante válido, Manuel Godoy; a Fernando VII, “el rey felón” – como lo llamaban sus súbditos – uno de los seres humanos más miserables que han pasado por la tierra, un tipo tragón, que se enfermó de gota a fuerza de consumir ricos y costosos manjares sin ningún control, como también un traidor a su pueblo cuando luchaba contra la invasión de los franceses, (1808); este rey pretendía formar parte de la familia de Napoleón que, con razón, lo despreciaba cual polilla abyecta; una vez liberado del supuesto cautiverio en Francia, juró respetar la Constitución liberal española de 1812, la Pepa, pero nuevamente la traicionó reimplantando el absolutismo y la inquisición.