
Mirar a la gente común como carne de cogote ha sido una de las improntas de la cultura hegemónica en los últimos veinticinco años.
Archivo Histórico de El Clarín
Prensa, política y sociedad chilena | 2005–2019

Mirar a la gente común como carne de cogote ha sido una de las improntas de la cultura hegemónica en los últimos veinticinco años.

Nunca he creído que Bachelet fuera a cumplir su programa de gobierno, sin embargo, me parece muy hábil la forma en fue presentado a la ciudadanía, y que le valió el apoyo mayoritario de los electores que, en la segunda vuelta, concurrieron a las urnas. Los tres ejes fundamentales de la propuesta, reforma tributaria, educación gratuita y universal y nueva Constitución, correspondían a un diagnóstico correcto y a las tareas que había que llevar a cabo en un país desigual y en medio de crisis de representación política, de legitimidad y de credibilidad.
El 4 de marzo de 2014, el juez Lewis A. Kaplan, de Nueva York, adoptó la decisión de liberar de toda responsabilidad a la compañía Chevron-Texaco por los crímenes ambientales cometidos en la Amazonía ecuatoriana. Se trata de una decisión manifiestamente injusta, influida por el poderoso lobby corporativo de la empresa.

Con desafiantes rayados callejeros, comentarios en Twitter y Facebook, decenas de columnas en los medios digitales y el liderazgo de la Nueva Mayoría en la primera plana de la prensa corporativa, el nuevo gobierno de Michelle Bachelet, que asume este 11 de marzo, parece acercarse a su estreno no como coalición flamante y triunfante, sino con el pesado lastre acumulado por veinte años.

El presidente panameño, Ricardo Martinelli, expresó hoy que le “sorprende” la decisión del Gobierno de Venezuela de romper relaciones diplomáticas con su país.

Seamos francos, el programa de Michelle Bachelet sobre educación es sólo un volador de luces. Una nebulosa que además esconde un estilete bajo el poncho del nuevo ministro. Gatopardismo y maquiavelismo unidos jamás serán vencidos, parece ser el lema. Para llevar a cabo sus planteamientos -más que propuestas concretas, por cierto- en su programa de gobierno, la presidenta nombró como ministro de Educación a Nicolás Eyzaguirre, ex ministro de Hacienda del gobierno neoliberal de Ricardo Lagos Escobar, cargo desde el cual impulsó el CAE (Crédito con Aval del Estado) para los estudiantes y que todos sabemos sus nefastas consecuencias; ex presidente del directorio de Canal 13, controlado por el empresario neoliberal Andrónico Luksic; ex asesor y consultor del Fondo Monetario Internacional entre 1983 y 1984; es decir, mientras en Chile quemaban las papas. Al FMI regresó en 2008. En política es un ex Democracia Cristiana, ex Izquierda Cristiana y ex comunista; o sea, un converso en el peor sentido de la palabra. Postura que, obviamente, lo ha enriquecido económicamente gracias a sus suculentos sueldos financiados por la explotación de los trabajadores a los cuales exprime el sistema neoliberal que él defiende con pasión. ¡Era que no!

El 5 de marzo de 2013 se destaparon muchas botellas en Washington, Londres, Madrid y Frankfurt para brindar por el fin de la “pesadilla chavista”. Mientras los cerros de Caracas lloraban la muerte del presidente Hugo Chávez Frías, los centros de poder global celebraban, convencidos que su desaparición física llevaría, inevitablemente, a la fragmentación del campo bolivariano. Insistían en que el cambio que había ocurrido en Venezuela desde 1999, sólo se explicaba por el “caudillismo” de su líder. Pero sin Chávez, todo el andamiaje de la revolución se derrumbaría en cuestión de días y ningún otro dirigente bolivariano podría asumir un liderazgo capaz de dar continuidad al proceso. Sin Chávez, repetían, moría el chavismo. Ignoraban que Chávez pertenece al linaje de los libertadores de América Latina, que en el último siglo ha producido líderes excepcionales como Sandino, Fidel Castro, Che Guevara o Salvador Allende. Como ellos, Chávez hizo suyas las banderas de los próceres de la primera -y frustrada- independencia de la Patria Latinoamericana y las convirtió en un proyecto político de unidad e integración continental cuya punta de lanza es la justicia social y el antiimperialismo.

Con el paso de los días, diversas agrupaciones y colectivos de familiares de víctimas de la dictadura y defensores de los derechos humanos han aumentado las presiones sobre el gobierno entrante y, principalmente, sobre la figura de Michelle Bachelet, para que la designada subsecretaria de Fuerzas Armadas, Carolina Echeverría, dé un paso al lado. Hoy, el abogado Roberto Celedón presentará una querella contra Víctor Echeverría, padre de la funcionaria designada, en tanto agrupaciones de víctimas la acusan de connivencia con las fuerzas armadas y de nulo apoyo a sus representados.
La crisis en Ucrania pone en evidencia la creciente distancia que separa el bloque occidental de Rusia. Desde que colapsó la URSS, en 1991, el mundo occidental bajo el liderazgo de Estados Unidos se fijó como prioridad estratégica no permitir nunca que Rusia se levante nuevamente como una superpotencia mundial. Estados Unidos desarrolló una estrategia de contención para obligar a sus aliados de la UE y de la OTAN a establecer toda una red de acuerdos políticos, comerciales y militares para impedir a Rusia de jugar nuevamente un papel de contrapotencia mundial de Estados Unidos. En los años 90 los ex miembros de la URSS entraron en la OTAN y Washington presionó a la UE para admitirlos como nuevos socios, desvirtuando así el espíritu originario de la construcción europea.
Esta semana los ministros de Sebastián Piñera marcaron tendencia en las redes sociales gracias a una foto “selfie” tomada como auto-despedida del “gobierno de los mejores”. Por supuesto esta no fue una idea original de los tecnócratas piñeristas, sino que una copia al “selfie” realizado hace poco por un grupo de populares actores gringos en plena premiación de los Oscar.