
El fallo de este lunes, salvo que se le dé 100% de razón a la tesis chilena, no puede ser sino perjudicial para el país desde el punto de vista territorial. Pero la derrota de la política exterior chilena es anterior, de hecho la sola presentación de la demanda ante La Haya, es expresión de esa derrota, porque supone la incapacidad de la diplomacia chilena de alcanzar un acuerdo o de disuadir una confrontación abierta, como lo es este juicio. ¿La razón?, el Estado chileno carece de una agenda propia en política exterior, su quehacer fue capturado por los intereses de los grandes grupos económicos hace ya más de dos décadas. Primero lo hizo asegurando el mercado para la industria extractiva rentista, mediante la firma de un verdadero “rosario” de TLC’s en los 2000; y luego garantizando las inversiones de las “translatinas” chilenas en los países vecinos de la costa del pacífico. La ausencia de una política estratégica general, que tenga como centro la integración regional, augura no sólo nuevas derrotas, sino que compromete las posibilidades de desarrollo de nuestro país en un mundo globalizado.
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