
Hablemos de Jacqueline. Ahora que Jacqueline abandonó su antigua profesión de madre y se ha convertido en emprendedora, o sea, en algo similar a multimillonaria, conoce muy bien sus necesidades. Los niñitos ya crecieron y se transformaron en Hombres: el mayor dirige una panadería, el menor una rotisería, y la menor está casada con el director de una rotisería y que ella puede atender porque eso de algún modo se justifica su propia existencia. Entonces Jacqueline, quien siempre fue buena para la suma y la resta y la multiplicación y la división, pero cuyo intrínseco talento se fugaba en la manteca donde se freían los berlines –consumidos en la víspera del lanzamiento de la teleserie–, o bien en la nívea espuma del detergente sobre los calzoncillos infantiles ungidos en caca, decidió, así nada más, de un día para otro, la Jacque decidió: emprender.
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