
No es ninguna novedad que el Parlamento legisle en favor de las grandes empresas monopólicas chilenas. Este flagelo de la corrupción política, del cohecho y de los dineros mal habidos es un tópico en la literatura historiográfica: en el mal llamado período parlamentario, (1891-1925), había que tener mucho dinero para poder comprar un cargo de diputado o senador; se dio el caso, por ejemplo, del líder conservador, Abdón Cifuentes quien, por carecer de recursos, no pudo ser candidato al parlamento y fue reemplazado por uno de los Matte Pérez, que era un “burro con plata”. En la actualidad ocurre algo análogo: si no se cuenta con recursos monetarios se hace imposible aspirar a un cargo parlamentario – a no ser que reciba, como ocurre con varios congresistas, “aportes anónimos”, lo que es un eufemismo, de grandes empresas monopólicas chilenas -.
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