
1.- La clase política mira por su propio bienestar y no por el de los ciudadanos. Las leyes que a ellos les benefician se tramitan con suma urgencia como por ejemplo cuando la DC inscribió mal sus candidatos municipales: La mayoría de las leyes para los ciudadanos duermen el sueño de los justos. Son los únicos empleados del Estado que pueden no ir a trabajar y cobran igual.







La sociedad chilena se aproxima a lo que podríamos llamar “La hora Bachelet”, un cambio horario que está marcando el presente. No se trata, por cierto, de un cambio traumático, sino más bien del inicio de un proceso de reformas que ha sido postergado ya por demasiado tiempo. Podríamos esperar, entonces que “La hora Bachelet” sea la hora de las reformas. Como suele ocurrir frente a los cambios, surgen inquietudes e interrogantes nada fáciles de contestar. Hasta el presente, las líneas programáticas anuncian cambios en cuestiones tan sensibles como la legislación tributaria, la educación pública y la llamada ley binominal, entre otras.
