La “conmemoración” de los 50 años del golpe de Estado ha logrado convertirse en un hecho histórico tan importante, que ha logrado copar toda la actualidad. Podría decirse que el pasado se convirtió en presente, como verdaderamente corresponde a la realidad histórica. La Batalla de la memoria, idea muy bien desarrollada por María Angélica Illanes, y La memoria obstinada, documental de Patricio Guzmán comienzan a ocupar el lugar central que siempre ha debido estar presente, pero debido al matrimonio entre la Concertación y la Alianza – las dos derechas – fue ahogado y silenciado.
Existen muchas maneras de cómo enfocar el golpe militar. Hoy parece preferible hacer una reflexión de la forma de vida que llevamos los chilenos, a 40 años del golpe. Cuando se revisan las posiciones relativas a los diferentes estratos humanos, la conclusión indefectible es que no hay una gran variación de la pobreza, los que eran pobres hace cuarenta años atrás, salvo honrosas excepciones, siguen siendo pobres hoy, mirados desde la pobreza cualitativa, que incluye hasta clase media, esa que hoy puede tener un televisor, un viejo auto de escaso valor, o incluso si está una pagando una modesta casa.
Salvador Allende sabía reírse de sí mismo y como era el candidato permanente a la presidencia de la república, eligió el epitafio que yo uso como título de esta entrega. La biografía publicada por el escritor español Mario Amorós, a mi modo de ver, aporta aspectos de la vida de Salvador Allende, que no han sido profundizados suficientemente: por ejemplo, la importancia del pensamiento libertario en la formación del joven Allende – que lo tomó del “viejo” Demachi, obrero anarquista de los cerros porteños – y también el papel fundamental que jugó la revolución española en la generación política progresista de los años 30 y, por cierto, la rebelión universitaria que derrocó a Carlos Ibáñez del Campo, en 1931.
Con incidentes aislados culminó la marcha convocada por el “Movimiento social por la educación”, que componen entre otras organizaciones, la Confech, la Cones, ACES y el Colegio de Profesores, en una manifestación que contó con una gran cantidad de personas en las calles.
Y Salvador, mira tu estatua, casi al frente de La Moneda. Esa Moneda en la que fuiste bombardeado. Hoy la habita un presidente de derecha. Pero da lo mismo, en los últimos 20 años volvieron a gobernar dos compañeros tuyos de partido y no fueron gobiernos de izquierda. El tema es que después de tu muerte, se comenzó a caer el anhelado socialismo real. Los gringos ganaron la guerra fría. Hasta Rusia y China terminaron sumándose al vertiginoso capitalismo y hoy lucen como la peor de las pesadillas de Marx.
El presidente Salvador Allende Gossens (1908-1973) dejó a la Izquierda chilena una lección de consecuencia y valor personal que no se debe olvidar. Constituye un capital moral y político precioso para levantar en Chile una Izquierda socialista y democrática que se proponga construir una sociedad basada en la participación ciudadana, la justicia social y la integración con los pueblos de América Latina.
El Negro Mario se suicidó un día cinco de septiembre en una pequeña ciudad al norte de Suecia, el año 1995. Había llegado allá después de seis años de prisión, dos intentos de fuga, y de una vida con ribetes trágicos y heroicos.

Ante las constantes declaraciones de algunos sectores del país que afirman haber ignorado en su momento las sistemáticas violaciones a los derechos humanos en Chile ejercidas por el aparato del estado durante la Dictadura Militar, un grupo de artistas ha decidido realizar una acción masiva llamada #quererNOver, con motivo de la conmemoración de los 40 años del Golpe.