
Las cuentas no coinciden, pero giran entre los que dicen que han sido más de un millón de personas en las calles de todo el país y los que dicen que han sido poco menos. En fin: ha sido la más espectacular (y peligrosa, y contradictoria) manifestación popular de Brasil en los últimos 29 años, desde las formidables marchas exigiendo el retorno de las elecciones libres para presidente, en 1984. Ni siquiera la movilización para defender la suspensión parlamentaria del corrupto presidente Fernando Collor de Mello, en 1992, logró atraer tanta gente en tantas calles de tantas ciudades en Brasil.





El genial don Pepe Piñera, antiguo falangista – le encantaba gastar dinero de la tarjeta de crédito de su hijo Sebastián en sus viajes a Europa – una vez separado de la Pichi (Magdalena Echeñique), a una edad en que los caballeros con gota no salen de su casa – se dedicó a gozar de la vida, a lo mejor con la condena de su hermano, el obispo Bernardino. Cuando los padres son la “luz de la calle y la oscuridad de la casa” no es raro que sus descendientes, sigan una educación liberal y competitiva, que los lleve a disputarse mutuamente.

La ultra derecha está viviendo días de gloria. Será que los estudiantes le detonan su furia acunada en siglos de dominación al ver la alegría libertaria de quienes salen a la calle y desafían el statu quo.
