
Los años le dieron un aire cada vez más quijotesco a su rostro. Sentado en el butacón de su casa, hablando con pasión y nervio, me recordó al Alonso Quijano de las ilustraciones de Doré pero, al contrario que el personaje cervantino, José Luis Sampedro no tenía la cabeza llena de fantasías sino de sensatez y sencillez a pie de calle. La economía del régimen le hacía parecer un Quijote luchando contra molinos de viento. Sin embargo, es al revés, la crisis ha demostrado que son los economistas ortodoxos los locos que ven gigantes y Sampedro, el cuerdo que desfacía entuertos. Se cumplía un año del 15 de mayo, el 15M, que le tomó como apóstol, cuando nos recibió al equipo del programa de radio Carne Cruda en su casa de Madrid para esta entrevista. No daba muchas por su avanzada edad y porque reservaba todas sus energías para seguir escribiendo y reflexionando. Su mujer, Olga Lucas, le acompañó durante toda la charla, mirándole con ternura, pendiente siempre de él, divertida por su sentido del humor y orgullosa de la lucidez y claridad de sus palabras que mantenía intactas a sus 95 años de entonces.
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