
La carne hace mal, el lucro hace bien. Los pobres tienen el deber de exponer su intimidad en la televisión, cada vez que el people meter lo exige; los ricos siempre tienen asegurado el derecho inalienable a su privacidad. Paradigmas de esta naturaleza se han ido asentando en Chile, dando vida a una narrativa que ha perdido la capacidad de sorprender. La inmoralidad ocupa el lugar de la moral; la desvergüenza, el de la vergüenza; la injusticia, el de la justicia.






