Hace más de 39 años, el camarógrafo argentino Leonardo Henrichsen tomaba un grato desayuno en el inolvidable Hotel Crillón de Santiago, mientras leía los abundantes diarios de todas las tendencias que entonces existían en Chile, bajo Salvador Allende. Era una situación política muy distinta a la que se vive desde hace casi 4 décadas, en que sólo existen El Mercurio y La Tercera, dos cadenas periodísticas nacionales que tienen la misma tendencia política –neoliberal, pro-dictadura y favorable al gobierno de Piñera– que se expresa en cientos de toneladas de papel impreso cada día en más de treinta diarios y revistas a lo largo del país.
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