Sólo basta constatar que hemos ingresado en un ciclo peligroso, en un período de precipitación, de aceleración de todos los procesos. En no pocos aspectos, hemos cruzado, en este trance, que no es sólo económico, social o político, sino integral, puntos de no retorno. Como si aquella carretera unidireccional de la historia, mutada en autopista de alta velocidad, haya derivado en plataforma de lanzamiento hacia lo más desconocido. Pero ya nada nos detiene: el vehículo histórico ha alcanzado velocidades vertiginosas y su peso, su inercia, es incontrarrestable.
Leer más