Los diversos rostros de los movimientos sociales asoman tras los resultados de la elección municipal. La de Eloísa González que llamó a “no prestar el voto” como rechazo a un sistema político de fuertes restricciones a la participación democrática, una opción que forma parte de de esa inmensa mayoría de ciudadanos, un 61%, que no participó en la elección municipal.
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El Presidente Obama firmó –en marzo de 2012– la ley HR 347 que considera “ofensa criminal” participar en manifestaciones en áreas definidas como “restringidas”, tales como alrrededores de edificios federales y ciertos parques. La ley fue aprobada por unanimidad en el Senado, mientras en la Cámara de Representantes (388-3) sólo Ron Paul más otros dos republicanos votaron en contra y ni un solo demócrata se opuso.
Gane quien gane las elecciones del 6 de noviembre próximo en Estados Unidos, no cambiará “de manera significativa” la política de ese país hacia Cuba, vaticinó Ricardo Alarcón, jefe del parlamento nacional.
Ahora que el espectáculo cuatrienal de la elección presidencial está alcanzando la cúspide, es útil preguntar cómo las campañas políticas están abordando los temas más cruciales que enfrentamos. La respuesta es sencilla: mal, o para nada. En tal caso, surgen algunas preguntas importantes: ¿por qué, y qué podemos hacer al respecto?