El invierno parte en dos el 2012, pero no termina de llegar. De todos modos en la Ciudad de Buenos Aires los mendigos ya duermen agolpados en los pasillos de tiendas desahuciadas de algunas estaciones del subterráneo metropolitano. Tanto por razones mundiales como nativas, la recesión técnicamente es un hecho en Argentina Y la distribución de la riqueza se torna más regresiva. Según los economistas de Apuntes para el Cambio, hasta el tercer trimestre de 2011, el 37,6 % del excedente total producido iba a los trabajadores y el resto a los pocos dueños. Pese a que durante el período evaluado el PIB del país no se encontraba en franco detrimento como ahora, la distribución se polarizó contra la mayoría que vende su fuerza de trabajo para sobrevivir. El movimiento del capital en los países dependientes es ese precisamente: concentración de la propiedad y la ganancia, destrucción de fuerzas productivas, empeoramiento de las condiciones salariales, laborales y contractuales del trabajo; apropiación incesante de los recursos naturales, profundización del extractivismo minero y agropecuario; hegemonía del momento financiero del proceso completo de la generación de valor. Sin olvidar que los auténticos propietarios y gobernantes son corporaciones transnacionales, donde las burguesías locales simplemente reciben su renta, legalizan el saqueo y la explotación del trabajo, y administran políticamente un Estado cuyo sentido último es blindar el orden de la minoría que se apropia del excedente socialmente originado mediante el control social, la burocracia, las armas, la alienación, y los recursos en efectivo cuando el capital los apremia. En síntesis, siempre el Estado burgués garantiza el dominio burgués sobre la totalidad social.
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