Aún cuando éste era uno de los absurdos previsibles, aún cuando rondaba el mito que se consumaría la leyenda de la traición yanacona, aún cuando todos los presagios eran adversos; quedaba en el brillo de los ojos de jóvenes estudiantes, hijos de pueblos originarios, abnegados profesores, pobladores de Aysén, artistas, dueñas de casa, profesionales dignos, un parlamentario transversal y jugado por las causas ambientalistas, pescadores, pueblo creyente, un brillo de esperanza que esta vez las cosas podrían ser distintas. Había un brillo en los ojos de cada uno de los presentes esa helada mañana de Mayo del 2012 en Coyhaique, Patagonia, que los argumentos sólidos, potentes, razonables y jurídicamente admisibles serían suficientes para rechazar la calificación ambiental del proyecto Río Cuervo.
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