Planificación Territorial y Urbana caso a caso: La Corrupción disfrazada

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santiago_aereoEl año 2008, el gobierno de Michelle Bachelet ingresó al Congreso un proyecto de ley que intentaba modificar la actual Ley General de Urbanismo y Construcciones. Este proyecto no logró llegar a puerto, ya que las organizaciones ciudadanas que luchan por conquistar instrumentos de planificación territorial democráticos, participativos y que aseguren territorios y ciudades sustentables y a escala humana, ingresaron con el apoyo de parlamentarios cerca de 700 observaciones a dicho proyecto nacido en la Cámara Chilena de la Construcción. Finalmente, no se produjo consenso político en el Senado, ya que su aprobación produciría  grandes cambios territoriales, gestando inseguridad en la inversión  extranjera y un aumento de los conflictos sociales en los territorios y en las ciudades.

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YPF y las lloronas

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repsol_tamborSi hubiese alguna duda con relación a la expropiación de YPF por parte del gobierno argentino, bastaría con leer la prensa adicta a los mercados financieros para disiparla: esa prensa llora, amenaza, augura catástrofes para los argentinos y, como suele hacerlo día a día, miente. Si esa prensa, las multinacionales y los líderes políticos más serviles a los intereses de los mercados financieros se quejan tanto… quiere decir que algo bueno tiene la llamada “nacionalización” de YPF.

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“Argentinización” del petróleo: Las cosas en su sitio

ypfyacimientos

ypfyacimientos1. Si el contenido del Estado es síntesis de la hegemonía de la minoría capitalista, entonces sus políticas económicas, estratégicamente, expresan sus intereses. Incluso si el Estado siempre es representación –como en menor escala, cualquier territorio de relaciones de poder de una sociedad en un momento dado- de un campo en permanente disputa mientras existan clases sociales de intereses irreconciliables. Es decir, existe Estado porque existen clases sociales de intereses antagónicos. Que un buen día no haya Estado es síntoma simplemente de que no hay clases sociales. La maldición de que las grandes mayorías tengan que hacerse del Estado para implementar provisoriamente las tareas de planificación racional, orden y defensa, y promoción cultural, política y económica de sus intereses, es el trago amargo y tránsito hacia una sociedad gobernada directa y creativamente por la propia sociedad. Así y todo, ese Estado que todavía no existe, dada la acumulación histórica de los trabajadores y el pueblo, ya debe contener las formas de la democracia más radical y su control colectivo necesario para evitar, a como dé lugar,  la formación de una casta privilegiada que haga y diga a nombre de los intereses de las clases subalternas devenidas en hegemonía.  No vale la pena recordar los males de las experiencias no capitalistas del siglo XX; como en su momento, sí tiene sentido recordar sus aciertos respecto del capitalismo.

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