No en vano Joaquín Lavín pertenece a un partido que es heredero del gremialismo universitario. La idea de los seguidores de Jaime Guzmán Errázuriz, en la Universidad Católica, consistía en que los estudiantes se dedicaran, exclusivamente, a su materia específica, y no se preocuparan del entorno sociopolítico del país donde vivían: era la Universidad profesionalizante de Napoleón Bonaparte. Es lógico que por la formación del ministro Joaquín Lavín no comprenda que la educación está profundamente relacionada no sólo en todas las materias de estudio, sino, sobre todo con la realidad nacional.
La Derecha ama la puesta en escena de “los testigos sin rostros” en nuestro
En Roma, en la Corte de Assise (de Primera instancia) no se demostró una pretendida inocencia de Adolfo Podlech Michaud sino la incapacidad de hacer Justicia y de respetar los principios de Justicia ante crímenes de lesa humanidad.
La seducción que genera el movimiento de los estudiantes debe transformarse en fuerza política propia. De esa manera disminuye el riego de ser secuestrado por los mismos políticos que han creado las condiciones de profunda inequidad, lucro y ausencia total del Estado en educación y en toda la sociedad: han construido un país para ricos y otro para pobres.
Desde hace ya casi un mes, nuestro país vive una situación que, a primera vista, pudiera parecer paradojal. Los índices de crecimiento económico aumentan y, al mismo tiempo, la cesantía retrocede. Sin embargo, como nunca antes, tras el “retorno a la democracia”, la ciudadanía da muestras de hastío y cansancio. Las cifras de rechazo a la actual administración bordean el 60% y aquellas que reprueban a los partidos opositores no son mejores. Pareciera que lo que ha entrado en crisis es el “modelo chileno”, un sistema de consensos, equilibrios y negociaciones amparadas por una constitución política redactada en tiempos de dictadura. Asistimos a la irrupción de un nuevo horizonte en el imaginario histórico y social chileno, que como todo imaginario está tejido de acciones “cuasirracionales”, esperanzas y expectativas.
Cada vez queda más clara la convergencia concreta con la derecha que experimentó el liderazgo de
El sistema político se encuentra en crisis después de tres décadas y el modelo económico impide, por las lógicas ideológicas del poder, que se realicen las reformas necesarias para mejorar la calidad de vida de la sociedad civil, abatida por el encarecimiento del costo de la vida, el endeudamiento, y la subordinación de la que es víctima desde una constitución que no garantiza la participación ciudadana, legando la totalidad de las decisiones a las cúpulas que acceden a la administración del aparato del Estado, a través de una democracia representativa, donde los intereses de la ciudadanía entran en conflicto con las decisiones oficiales de las autoridades.
Los movimientos sociales tienen, entre otras cualidades, una gran virtud: destapan situaciones insoportables y, en algunos casos, acciones delictuales que se mantienen impunes, pues hay una colusión de intereses que hace imposible la acción de la justicia – esta realidad, en todos los países del mundo, se llama corrupción -.
Está terminando una etapa de la historia del país. Se inició hace más de veinte años y ha abarcado cinco gobiernos. Comenzó llena de esperanzas cuando los chilenos, a través de movilizaciones populares, valerosas luchas y un histórico plebiscito, pusieron fin en 1988 a una dictadura signada por la crueldad, el abuso y la codicia. Más allá de sus logros, la etapa postdictatorial acumuló desesperanza y frustración. La razón es simple: las promesas no realizadas que han consolidado una sociedad profundamente injusta.