La piedra fundamental del conflicto educativo chileno es la Constitución Política de 1980. Asunto complejo, relacionado directamente con el establecimiento y ordenamiento por la fuerza del poder político en el país, por lo que no debe buscarse arreglos o acomodos como si se tratase sólo de agregar fondos para financiamiento del sector en crisis, aunque éste no es un asunto menor. Hay que buscar en los antecedentes no revelados por la letra escrita.
No existe posibilidad alguna de acuerdo entre las demandas estudiantiles y la posición del gobierno. Porque no tienen un diagnóstico común ni del actual sistema ni de sus resultados. Y porque los intereses de los empresarios de la educación no son conciliables con los intereses de la comunidad universitaria.
No puedo ocultar la emoción, lo siento, yo era niña cuando todo esto pasó.
El Pueblo chileno, por más de dos décadas, es testigo de las discusiones bizantinas entre los dueños temporales del país, la oligarquía empresarial y sus administradores, la clase política pinochetista concertacionista: ¡Chile necesita un nuevo sistema educacional!
Sucede muchas veces que en aras de LA JUSTICIA, se cometen injusticias.
El malestar ciudadano, encabezado por el movimiento estudiantil, no parece amainar en el país. De poco han servido las amenazas, la complicidad de los medios y el tiempo transcurrido. Se trata de las mayores protestas en décadas. Las demandas que se leen en las pancartas y los gritos en la calle plantean un problema serio al gobierno, pues es claro que se trata de un asunto político de envergadura. Si bien las peticiones se enmarcan en cuestiones sectoriales, todo parece desembocar en la incapacidad de actual orden político constitucional que rige Chile.
No hubo bombardeo “a
Desde que el marxista-leninista Escalona se convirtió al catolicismo, los progresistas no cesan de temer por sus almas impías y pecadoras. Cuestión abluciones purificadoras, redención, soteriología, salvación y otros actos de contrición, comienza a haber un serio atasco en las impenetrables vías del Señor.

Para que las fuerzas de transformación social no sean aplastadas por los actores conservadores sistémicos es imperioso imponer en la nueva escena política, configurada por la irrupción de los movimientos sociales en la calle, un proceso democrático de ruptura desde abajo con los dos componentes del sistema de dominación postdictadura: el régimen político y su soporte, el modelo económico neoliberal.