
No sé qué espacio tendría, Doctor, en este mundo raro que vivimos ahora. Yo lo tuve muy cerca, en una clase de ética médica. Llegó en su Fiat 125 azul oscuro. Si viera las columnas de coches blindados que vimos pasar tantos años, tan cerca también, tan intimidantes, feroces, con los dientes apretados, con sus fauces de perro. Usted, Doctor, entró amable a la clase. Nosotros estábamos nerviosos. El país no se incendiaba aún. Era su primer año de Gobierno. Habló de cómo los médicos han estado siempre preocupados de la política, la salud, la higiene, planteamientos de índole pública.
“La Pincoya, mejor que el Barrio Alto” (Joaquín Lavín en
Obviamente no hay posibilidad de confirmarlo, pero Dios debe haberse anonadado al contemplar a ese grupo de genocidas que los días 16, 17 y 18 de septiembre de 1982 actuando en SU nombre- se introdujo en los campamentos de refugiados palestinos, sitios en Beirut occidental (El Líbano), para disparar a mansalva y a discreción sobre miles de seres humanos indefensos.
Quienes hace veinte años estaban en el gobierno en Uruguay y en Argentina, antes y durante una de las mayores crisis económicas y sociales nunca vista por generaciones, dicen que, en realidad, ellos “lo hicieron bien” aunque “les tocó” un mal momento.
Lavar la increíblemente sucia cara de carabineros de Chile, debe ser bastante más complicado que invitar a algún fulano a tomarse un café.
Como consecuencia de la decisión adoptada por el contralor Jorge Bermúdez en orden a pedirle la renuncia a la sub-contralora Dorothy Pérez se ha generado una avalancha de sibilinas e
Revisemos museos, hoy de moda entre nosotros, a raíz de lo sucedido en nuestro país, con denuncias y contextos.
La parlamentaria Pamela Jiles fue condenada por la Comisión de Etica de la Cámara de Diputados por haber defendido a las víctimas de las violaciones a los Derechos Humanos cometidas por los agentes del Estado durante la dictadura militar.