
Las últimas declaraciones del ministro Santelices de Salud lindan en la negación patológica de la realidad al querer confundir maliciosamente nube tóxica con “malos olores” en Quintero y Puchuncaví. A la que se agregan otras en el sentido de que “activistas políticos” y ONG son quienes estarían detrás de las movilizaciones en las comunidades afectadas por la catástrofe ambiental.


Las organizaciones abajo firmantes, ante una nueva conmemoración día del Detenido Desaparecido, crimen de lesa humanidad permanentemente realizado en América Latina bajo las dictaduras militares que azotaron el continente, donde campeo el terrorismo de Estado inspirado en la doctrina de la Seguridad Nacional y que sometió a miles de personas al flagelo de la tortura y otras miles fueron ejecutadas y desaparecidas, sin que hasta la fecha sean completamente esclarecido todos esos crímenes, ni se haya hecho la Justicia necesaria que permita impedir la repetición de esos aberrantes actos, hacen que este Día de conmemoración sea un nuevo momento de lucha por la VERDAD y la JUSTICIA.
La irrefrenable ansiedad que caracteriza presidente Piñera lo llevó a visitar Quintero y Puchuncaví, lugares de una crisis ambiental de envergadura que había intoxicado y envenenado a 350 personas, especialmente niños. Las autoridades no fueron bien recibidas.
Hemos tomado conocimiento que Claudio Orrego, cuando era intendente de la región metropolitana de Santiago, bautizó como Plazas de Bolsillo a los espacios públicos y privados no edificados, por lo tanto sitios baldíos casi siempre abandonados y por ende, lugares que se resisten a formar parte de las ciudades. Juiciosamente el Servicio de Impuestos Internos (SII) castiga a sus dueños cobrándoles una sobretasa por concepto de contribuciones de bienes raíces.
Al asomarse desde el filo de las laderas, se observan: la alcantarilla, el arrabal, la periferia, la barriada, como se les conoce desde las urbes de cemento y casitas del barrio alto, a los avernos aledaños a la metrópoli. Tugurios oscuros donde habitan sin piedad los 7 pecados capitales, buhardillas donde se reproducen la lujuria y la profanación. Escondrijos donde se propagan las familias disfuncionales que emponzoñan la culta y casta sociedad de los pulcros. Nidos de criminales sorbiendo aguas fermentadas de promiscuidad y sexo obsceno.