
Retomar los sueños de las mayorías que quedaron inconclusos por el derrocamiento y muerte del presidente Salvador Allende, el 11 de septiembre de 1973, es hoy la gran tarea nacional: son anhelos por una democracia real, igualdad, justicia social y derechos ciudadanos que no pueden ser contenidos indefinidamente por los dueños del dinero que aprovechando los privilegios que les dejó la dictadura mantienen en pie un modelo neoliberal que explota a millones de hombres y mujeres vulnerables.
1. La supercherie blanche de la Dominicaine.
Para la derecha siempre será incómodo enfrentar la efeméride del Golpe Militar. Los partidarios hasta hoy de Pinochet ya no pueden soslayar los crímenes de su dictadura, además de contemplar con ira cómo buena parte de sus adláteres buscan sacudirse de su pasado y navegar sin inconvenientes en las aguas de los nuevos tiempos. Con una dosis muy alta de hipocresía, hay quienes dicen no haberse enterado nunca de las masivas violaciones de los derechos humanos, como forma de explicar su entusiasta apoyo a la conspiración cívico militar.
Salvador Allende ha marcado la historia mundial. Su figura queda asociada a la dignidad, los principios y la entrega a un proyecto vital de superación de las injusticias sociales y, sobre todo, a una vida ejemplar, sin dobleces. Amaba Chile, a su gente. Fue el único político que recorrió el país de norte a sur, pueblo a pueblo. Conocedor de esperanzas, luchas, temores, desafecciones. Escuchaba, atento a todo. No se le escapaba nada. Era refractario a los largos discursos demagógicos, a la adulación y a la palabrería. Sus enemigos le temían, pero sobre todo lo respetaban. Por ello la traición es más canalla. Respetuoso de sus adversarios, creía en el diálogo y la negociación. No cejó de intentarlo, incluso mientras bombardeaban La Moneda. Por su casa pasaron dirigentes de derecha, militares golpistas y generales constitucionalistas. Fue un estratega. Calculaba el riesgo, no era temerario. Valiente, se le reconocía capacidad de liderazgo.
Entre las ruinas de la revolución sandinista se levanta hoy desafiante y temible, la figura de la esposa de Daniel Ortega, Rosario Murillo, que es también vicepresidenta, cargo al que fue elegida en 2016 cuando acompañó a su marido en la fórmula que ganó ese año las elecciones presidenciales. La primera dama de Nicaragua es ahora el personaje político más poderoso de su país con porcentajes de aprobación superiores a 70 por ciento, y ocupa una posición central en el gobierno.
Mucha gente honesta, allendista de corazón, que no ha abjurado de sus convicciones ni de sus sueños, durante mucho tiempo ha intentado una y otra vez rearmarse con las ideas de un mundo mejor, de un país amable con su gente, en el que se respete la dignidad de las personas y sus derechos, que se defienda la naturaleza de la voracidad infame de los ganadores de plata y se entienda que este es el único planeta que tenemos.
“Our D-day was close to perfect….”Patrick Ryan. Agregado naval de la embajada de Estados Unidos. Palabras dichas el día 11 de septiembre de 1973. (1)
Gobiernos gemelos, los de Argentina y de Brasil, siguieron los mismos guiones. Superar a gobiernos populistas, que habían hecho gastar a sus países más de lo que podían – “Vivir encima de sus posibilidades”, como les gusta repetir -, restablecer el equilibrio en las cuentas públicas, controlar la inflación. Y listo, las economías retomarían sus cauces normales, orientadas por los equilibrios mágicos del mercado.