Con bombos y platillos se anuncia, para el próximo 10 de junio, en el teatro Caupolicán, un acto-homenaje al fallecido general Pinochet. La respuesta de rechazo ha sido mayoritaria a través de las redes sociales y se organiza una funa. Ante este hecho vale recordar que hace unos meses también se realizó un homenaje a Miguel Krassnoff, uno de los principales esbirros de Pinochet.
La sola idea de un homenaje al dictador Augusto Pinochet en Santiago repugna a cualquiera con la más mínima consciencia ética y política en nuestro país. Se trata de una provocación de sectores de extrema derecha que no encuentran su lugar en el Chile de hoy. Sin embargo, el hecho de que sea posible esta aberración entre nosotros muestra, por contraste, las deficiencias de nuestra democracia. A diferencia de otras experiencias autoritarias, en nuestro país no hemos sido capaces de poner las cosas en su lugar: No es legítimo ni admisible, desde ningún punto de vista, la apología del genocidio ni la celebración de la violencia y el crimen.
Una distinguida caricaturista polaca llamada Pawla Kuczynskiego (1976), ha alcanzado premios y reconocimiento internacional por sus lúcidas sátiras del mundo actual. Su estilo nos trae reminiscencias de Magritte, mas su mirada crítica es muy contemporánea. Entre sus muchas obras, está aquella que retrata al político de un modo tan nítido como elocuente. Una imagen que entre nosotros los chilenos ha adquirido una especial significación desde el llamado “retorno a la democracia” hace ya más de dos décadas.
Es estos días han coincidido en la prensa noticias respecto de los arrebatos de un parlamentario de derecha que después del discurso presidencial del 21 de mayo ha apodado irrespetuosamente al presidente de la republica con el nombre del héroe de una cinta cómica, el Capitán Futuro, y también de un
El sistema ha profundizado una cultura creada por el esfuerzo mancomunado de sus principales sostenedores y administradores en más de veinte laboriosos y productivos años. Una cultura que tiene rasgos propios de una religión, con sus respectivos símbolos, sus evangelios y liturgias.
El 4 al 16 de junio de 1932 se cumplen 80 años de la República Socialista liderada por El Comodoro del Aire Compañero Marmaduque Grove, y sus compañeros Eugenio Matte Hurtado, Gran Maestro de la Masonería, Oscar Schnake y Eugenio González Rojas, quien luego fuera rector de la Universidad de Chile, entre otros.
Chile es el país del mundo que más homenajes y ofrendas ha rendido y rinde al fascismo real. En Alemania el nazismo está minimizado. En Italia el fascismo está escondido.
El columnnista Jorge Peña en El Mercurio del domingo pasado pretende psicoanalizar a la oligarquía empresarial y a Piñera (1). Su conclusión política implícita sería que en lugar de un empresario-presidente acompañado de managers en el Gobierno, lo óptimo hubiera sido tener en el Ejecutivo a un hombre o mujer “progresista” secundado por un séquito de políticos profesionales que den la impresión de ser eficientes “tecnócratas”, pero desligados del mundo del poder del capital.
Hace algunos años, Naomi Klein, reconocida investigadora canadiense, escribió un libro que resulta ser la historia no oficial del libre mercado “La doctrina del Shock”(2007), en la que muestra cómo la implantación de políticas neoliberales se ha llevado a cabo en momentos de crisis políticas (guerras o golpes de estado),económicas (grandes turbulencias locales o mundiales) o naturales (catástrofes). La actual crisis económica a nivel mundial, en desarrollo, pareciera convertirse en el momento propicio para una nueva arremetida conservadora en diferentes partes del mundo.
Cuando son buenos los tiempos, y la economía-mundo se expande en términos de nueva plusvalía producida, la lucha de clases se acalla. Nunca desaparece, pero en tanto exista un bajo nivel de desempleo y los ingresos reales de los estratos más bajos suban, aunque sólo sea en pequeñas cantidades, los arreglos sociales son la orden del día.