Des
de que un informe del Banco Mundial alertó sobre el proceso de concentración de la riqueza del modelo económico chileno, éste no ha hecho más que agudizarse. Aquellas cifras, que cruzaban los primeros años de la década pasada, pasaban sin mayor interés social y mediático en un país cuya obsesión oficial era el traspaso de todas las actividades al sector privado en tanto la vida personal y familiar intentaban adaptarse a la recién instalada sociedad de consumo. Por entonces, eran escasas las voces que alertaban al gobierno de Ricardo Lagos en cuanto las concesiones viales, portuarias, el CAE o la profusión de TLCs ahondarían el entonces creciente abismo entre las elites bien pertrechadas en sus tribunas del poder y el resto del país.
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En Chile tenemos una de las derechas más trogloditas del mundo. Sus líderes, salvo muy pocas excepciones, hasta hoy, no han pedido perdón por los crímenes de la abyecta tiranía; en el fondo, siguen odiando a las víctimas de la dictadura y no están dispuestos a otorgar ninguna reparación, aun cuando sea simbólica. La ministra Matthei encabeza esta cruzada para atacar a las víctimas de los derechos, y siguen pensando que el único comunista bueno es el que está muerto. La derecha sigue soñando con el paraíso neoliberal que impuso Pinochet – que continuó la Concertación – razón por la cual Jovino Novoa escribe un libro donde hace una apología de la desigualdad y del reino absoluto del mercado, sin regulación alguna.
“Y si usted lo quiere, se hará regalar alguna preciosa ‘chinita’ de 14 abriles, tímida como una corzuela, de quien tendrá los huesos menudos y dócil como los gatos de San Juan” (de una carta del autor de Don Segundo Sombra, Ricardo Güiraldes, a su amigo francés Valery Larbaud. San Antonio de Areco, provincia de Buenos Aires, 22 de octubre de 1921).
Para explicar la izquierda se necesita un mapa, un diccionario, paciencia e imaginación. Con esos ingredientes es posible acercarse a sus límites, difusos, fractales, aburridos. Explicar un chiste le resta gracia, explicar la izquierda, marea.

Si existe algo que causa terror a la derecha chilena es la posibilidad de una asamblea constituyente. La asamblea constituyente es el Cuco que provoca la histeria de la derecha, sobre todo de la derecha pinochetista, representada por personajes como Hermógenes Pérez de Arce, Carlos Larraín, Raúl Hasbún, Pablo Rodríguez, Sergio Onofre Jarpa, Agustín Edwards, Pablo Longueira, Andrés Allamand y tantos otros golpistas del 73 y, por lo tanto, encubridores de los atropellos a los derechos humanos, entre lo que se cuenta la tortura, ejecuciones, desaparecidos, quemados vivos, degollados y violaciones. En nuestro país debería existir una ley que prohibiera el pinochetismo lo mismo que en Alemania se prohíbe el nazismo. Los criminales no deben tener derecho a voz ni voto en una sociedad verdaderamente democrática y respetuosa de los derechos humanos.
