Terminar con las trampas de Jaime Guzmán y emparejar la cancha constitucional

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Toda Constitución se basa en un pacto social que supone una serie de reglas permitiendo la convivencia de los ciudadanos en una realidad espacio-temporal determinado. La mayoría de los ciudadanos perciben que las Constituciones son un asunto de abogados que no incide en la vida cotidiana del chileno de a pie. Algo similar ocurre con la política: la derecha se ha encargado de convertir la Constitución y, por ende, la política, en un ente abstracto y, como tal, carece de interés para la ciudadanía, que sus líderes la ven como ignorante y sólo movida por intereses materiales inmediatos. Este mismo pensamiento lo tuvieron los reaccionarios – siglos XIX y XX – respecto al sufragio universal: “cómo va a tener el mismo valor el sufragio de un ignorante y el de un sabio”.

 

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La rebelión de los anónimos

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No hay personaje de izquierda, desperdigada, difusa, sonámbula, que de tarde en tarde no diga que somos más, que siempre lo hemos sido. Y que silencie el hecho que actuamos como si fuéramos pocos. Peor, aún como si no fuéramos.

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La pugna por Venezuela

Hugo Chávez Frías pudo haber sido un general más del ejército venezolano y talvez, no habría muerto de un cáncer que muchos estiman que le fue inoculado.El que no lo haya sido puso a su país en un primer plano desde el punto de vista económico y político cuando fue elegido presidente de Venezuela.

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Los gobiernos “progresistas” y los trabajadores

El caso boliviano. Hay gente para la cual el gobierno progresista –o seudo socialista– es el sujeto del cambio revolucionario independentista, descolonizador, democrático y social, que es la condición indispensable para salir del atraso y la dependencia.

 

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A los sones de la orquesta del Titanic los ricos huyen a los botes salvavidas

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Cuando se ideó y construyó el Titanic nadie creía que se hundiría; lo mismo se pensaba respecto al INE y a la candidatura de Laurence Golborne, sin embargo, ambos naufragaron. En la catástrofe del Titanic los únicos que mantuvieron “la bandera al tope” fueron los integrantes de la orquesta y, en el caso del director del INE y del candidato de la UDI, al igual que los millonarios del mitológico barco escaparon, raudamente, a ampararse en los botes salvavidas, sin consideraciones para las mujeres, niños y ancianos. Nada más fácil que renunciar para quedar libre de toda responsabilidad, aun cuando el escándalo salpicara la reputación de nuestro país, hoy considerado pocos serio, según artículos publicados por las más reputadas revistas económicas – es el camino tomado por el director Francisco Labbé -.

 

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La corrupción en el Chile de castas

Si revisamos nuestra historia, la corrupción no es nada nueva en el mundo político: en 1904, el público desayunaba, almorzaba y cenaba a la luz de las distintas publicaciones sobre peculados, perpetrados por políticos aristócratas –principalmente – a comienzos de siglo pasado, y hoy por operadores y otros funcionarios de distintas categorías; en el pasado, llegó a tanto el escándalo que el destacado jurista, ex parlamentario y ex diplomático Marcial Martínez propuso, lisa y llanamente, estatizar el soborno a los diputados, es decir, estatizar la corrupción: “recordó Martínez cómo, en la Inglaterra de Jorge III, Lord Grenville había comprado el apoyo político de Horacio Walpole, nombrando un sobrino suyo en un puesto bien retribuido. Era “el soborno que un hombre honrado puede intentar sin ánimo de ofender a otro”…”¿Por qué no imitar en Chile este ejemplo? ¿Importaría esta práctica – se preguntó Marcial Martínez – aunque transitoria, una forma nueva o desconocida en nuestros hábitos políticos? No, pues lo que actualmente pueden tomar para sí ciertos miembros del Congreso mediante su actividad de artificio lo recibirían directamente del Gobierno y así se lograría tal vez una gran economía para el erario. Queremos sustituir el botín bélico de los bandos indisciplinados, por la paga organizada de las tropas regulares”.

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El peligro principal en Venezuela

La economía venezolana debe ser urgentemente reorganizada y saneada, sencillamente porque, una vez extraídos de la producción petrolera los barriles para el consumo nacional y la parte correspondiente al Alba y a Petrocaribe, el resto (más o menos un millón 150 mil barriles) no alcanza para pagar todas las importaciones. Éstas van, en efecto, desde los insumos y la tecnología para la producción nacional hasta todos los artículos de consumo cotidianos y los alimentos. Las divisas petroleras se utilizan tanto para comprar whiskys, coches y motos importados, para pagar deudas con otros países como para importar papel higiénico, toallas higiénicas para mujeres o todo tipo de alimentos que Venezuela podría producir pero no lo hace porque la renta petrolera desestimula las inversiones productivas. El control de cambios es parcial y el desorden en la economía va unido al despilfarro financiero, a la baja productividad de las empresas estatales, a la falta de control sobre su funcionamiento y a la ineficiencia, en muchos casos, de los administradores de las mismas.

 

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Colombia: Consecuencias del encuentro Santos/Capriles

La decisión del presidente colombiano, Juan Manuel Santos, de reunirse ayer en la Casa de Nariño con el fascista venezolano Capriles Radonski es un grave error político que muestra que la oligarquía santanderista todavía no está preparada para adaptarse a las realidades de un mundo multipolar.

Las ‘contradicciones’ de Occidente son coherentes con sus fines

A menudo se puede entender como inconsecuencias los actos de Estados Unidos y sus aliados basándose en lo que dicen. Pero si se mira solo lo que hacen se entiende que sus poderes corporativos siguen una política clara y comprensible, ganar, dominar el planeta. Sus vías pueden verse cambiantes aunque se dirigen siempre a eso.

 

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La desmesura política o la revolución por Facebook

Todo está fuera de lugar. El quehacer político de la información se encuentra en manos de actores mediáticos que han sustituido al periodista profesional y los científico-sociales. Su lugar lo ocupan hombres y mujeres cuyo principal atributo consiste en proyectar imagen, tener cierto dominio del lenguaje y vestir a la moda. Un sinsentido. El conocimiento ha sido trasladado al desván de los trastos inútiles. La osadía de opinar pontificando copa lo cotidiano. Resulta penoso ver a destacados líderes de audiencia, no de opinión, discutir sobre leyes sin saber distinguir entre lo civil y lo penal, confundiendo, además, una querella con una demanda o una estafa con evasión de capitales. Para estos nuevos abogados todo es lo mismo. Asimismo, cuando se refieren al orden económico los gazapos son descomunales. Confunden balanza comercial con balanza de pagos, crisis con recesión, comercio exterior con exportaciones y crecimiento con desarrollo. Y no digamos cuando se trata de hablar de política. En ese instante se sueltan la lengua, les da igual ocho que 80. No tienen el menor empacho en homologar autocracia con dictadura, democracia con partidos políticos, gobernabilidad con seguridad ciudadana o legitimidad con legalidad. Sus intervenciones se miden por el grado de ignorancia, desfachatez y ridículo. Siguen guiones prestablecidos. Están en todos los medios de comunicación. Radio, prensa, televisión, páginas web y YouTube. Tienen su ranking de popularidad, cuya medida consiste en el número de veces que su intervención es visitada. Cien, 500, mil, 10 mil o 100 mil veces. Tienen un millón de amigos que comparten día a día, hora a hora, minuto a minuto y segundo a segundo, sus sesudas reflexiones sobre el desayuno, su estado de ánimo, su último libro, sus lecturas, sus desengaños amorosos, viajes y particular forma de entender la vida política. En 140 caracteres vierten todo su saber. Un prodigio de síntesis y sintaxis. No tienen límites. De allí su desmesura.

 

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