
A cuarenta años del golpe de estado en Chile, se puede afirmar que las intervenciones militares para derrocar gobiernos constitucionales no han sido desterradas de América Latina. Los ejemplos de intentonas golpistas, relativamente recientes, de Honduras, Venezuela, Ecuador, Paraguay y Bolivia son ya elocuentes. Hasta el presente, los poderes imperiales no han abandonado, en absoluto, la estrategia de “desestabilización” que abre la posibilidad de una solución militar.


En las actuales circunstancias en que se encuentra el conflicto entre el Estado Chileno y nuestro Pueblo Nación, es necesario seguir analizando el proceso de dominación, para poder dimensionar de la mejor forma posible las contradicciones existentes. Desde nuestra perspectiva éste es un imperativo para ir evaluando las condiciones objetivas y subjetivas y así continuar con nuestro proyecto político y estratégico de liberación, sobre todo en momentos en que las distintas expresiones de lucha Mapuche y las características que adquieren las acciones han vuelto más complejo y difícil el escenario.

En Chile, en todas las encuestas de opinión, se produce una situación muy curiosa: los ciudadanos rechazan hasta un 85% a la Coalición en la oposición, en tanto su candidata a repostular en la Presidencia se eleva a niveles de popularidad increíbles.
El próximo 4 de septiembre se conmemoran 43 años desde que el candidato socialista, Dr. Salvador Allende venciera las elecciones presidenciales liderando una coalición de fuerzas de izquierda y centro izquierda denominada Unidad Popular. El triunfo de Allende fue apretado – obtuvo solamente 36,2% de los votos válidos – y representó la cuarta tentativa de elegirse presidente. Allende venció las elecciones con un programa de gobierno que incluía transformaciones importantes en la estructura económica, política y social en un marco de respeto a las instituciones democráticas vigentes en el país, sin apelar al de la violencia revolucionaria (vía armada) y sin rupturas dramáticas de la convivencia nacional. Este proyecto de transformación de la sociedad por un camino legal-institucional y democrático llegó a ser conocido como la “vía chilena al socialismo.”
El conocimiento del alcance del espionaje de Estados Unidos sobre amigos y enemigos, para decirlo en los términos en que desde el país del norte se considera al resto del mundo, ha originado una suerte de debate que no ha logrado, al menos hasta ahora, que se vislumbre siquiera un cambio en las relaciones internacionales.
Carlos Peña, en su columna del domingo 18 de agosto en el diario El Mercurio, titulada “Cheyre y el pasado”, escribe: “¿Sabía usted que Juan Emilio Cheyre, ex Comandante en Jefe del Ejército y actual director del Servel, entregó un niño de dos años, testigo del asesinato de sus padres a manos de militares, a un convento de monjas. Ese increíble suceso -sobre el que Cheyre ha guardado hasta ahora silencio- ocurrió en 1973”.
Un período pre-eleccionario resulta naturalmente en un tiempo de discusiones, de intercambios variados y de declaraciones. La palabra es la moneda de cambio para todos estos procesos, pero en esta unidad básica de todo intercambio se convierte a veces, paradojalmente, en obstáculo para el debate, en gran parte porque se tiende a oír lo que se quiere oír y cuando se lee, se entiende lo que se quiere entender.