
Chile fue uno de los países a donde llegó más fuerte la crisis de 1929: el cierre de los Oficinas Salitreras enviaba a las grandes ciudades del centro de Chile a miles de obreros cesantes; la devaluación del peso, con respecto a la libra, había llegado a su más alto nivel, y en la caja fiscal había cero pesos y sí muchos ratones; empezaron a proliferar las ollas comunes; en el aspecto salud, Chile tenía una mortalidad infantil superior a Bombay, y la esperanza de vida sólo alcanzaba los 40 años de edad.
El ministro de Hacienda, Pedro Blanquier, había declarado que ya no quedaban fondos en la caja fiscal, en consecuencia, propuso una rebaja del 30% a los sueldos de los empleados fiscales y de los miembros de las Fuerzas Armadas. Los marineros de la Escuadra y suboficiales, al ancla en el Puerto de Coquimbo, plantearon al Almirante, Alberto Hozven y el contra Almirante Campos, su rechazo a la rebaja de sus salarios, ya bastante menguados y con retraso, a veces, de tres meses. El almirante Hozven y el contraalmirante Campos los trataron de antipatriotas por no comprender la grave situación económica por la que atravesaba el país.
Según Enrique Mac Iver, Chile había heredado en la guerra del salitre “la peste peruana”: el país se había enriquecido pero, a su vez, padecía una grave crisis moral. “No somos felices” – decía el político radical – al comenzar su conferencia en el ateneo en 1900. Chile cobraba el 40% por tonelada de salitre a las empresas extranjeras y nacionales, lo que significaba muchos ingresos para el fisco y permitía, a su vez, que los políticos se lo repartieran sin pagar impuestos a la renta ( Chile era un paraíso fiscal sin impuestos).
Después de la reunión entre Arturo Alessandri y los militares el Presidente estaba convencido de que había dominado la situación y que los uniformados, por consiguiente, volverían cual corderos a sus cuarteles.
La derecha política, desde el senado, hizo una oposición decidida
En Perú, la casi totalidad de las instituciones están podridas: los últimos Presidentes de la República, incluido PPK, han recibido dineros de las empresas brasileras, entre ellas, Odebrecht; por su parte, el Poder Judicial está moralmente destruido, pues las grabaciones entre los Jueces Supremos y los miembros del Consejo Nacional de la Magistratura han dado muestras fehacientes de la destrucción del sistema político peruano, y el Congreso unicameral es repudiado por la ciudadanía, tal vez en mayor grado que en los demás países de América Latina.
La diputada por Buenos Aires Elisa Carrió es tan miserable que no merece ser comparada con un grande como Salvador Allende; solo es empleada de los gorilas.