
Actualmente, es posible pensar una constitución que surja del consenso ciudadano. Estoy convencido de que es la única forma para cambiar el régimen político, contenido en el Artículo IV que se refiere al gobierno en la Carta Fundamental. Chile se merece una democracia de calidad. Las tres Constituciones que nos han regido –1933, 1925 y 1980 – no corresponden a un justo equilibrio de poderes; la de 1833 fue desvirtuada por la elección, por parte del presidente de la República, de casi la totalidad del Parlamento, además del uso y abuso del Estado de sitio; la de 1925 es producto de la imposición militar, que nos llevó a un régimen presidencialista de doble minoría, sin contar el cesarismo y bonapartismo de Carlos Ibáñez del Campo; la de 1980, impuesta por una dictadura que declara despreciar la soberanía popular y que instala una monarquía presidencial, que desvirtúa el papel fiscalizador del Parlamento.
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