Lo primero que quiero hacer notar es que Gandhi no hizo ninguna huelga de hambre. Sólo fue show que se comieron los ingleses. Este gobierno no se habría dejado impresionar por el santón. El Mahatma realizó 17 shows a los que llamó “huelgas de hambre”. El primero duró sólo 4 días, en Ahmedabah, India. El último, en Nueva Delhi, duró desde el 13 de enero al 18 de enero, es decir 6 días. Gandhi no perdió nunca más del 10 por ciento de su peso en esas llamadas “huelgas de hambre”. La verdad es que normalmente pesaba 50 kilos y, aunque no se le controlaba después de sus shows, médicos ingleses calculan que pesaría unos 48 kilos después de su última “huelga de hambre”.
Una excelente noticia tuvimos esta semana: los adolescentes en huelga de hambre en el Liceo de Buin bajaron este miércoles su huelga de hambre, después de 37 días. Y aunque siguen en huelga estudiantes del Instituto Superior de Comercio, del glorioso Darío Salas, y de otros establecimientos, seguramente alguien los convencerá de bajarse también.
El almuerzo. El viernes 19 de agosto pasado el presidente Piñera invitó a almorzar a
Un muy buen amigo mío, Bruce Currey, académico británico residente en Ginebra e investigador para
La próxima gran manifestación tendrá que hacerse también contra los medios. Desde el estallido de las movilizaciones y la expansión de la indignación social, los medios de comunicación corporativos –desde las grandes cadenas de televisión al duopolio- se han consolidado como el gran instrumento para la contención discursiva de las corrientes sociales y políticas que inundan el país. La televisión y la prensa diaria entregan su propio y acomodado relato para difundir este trance que vive el país.
Tras leer las últimas declaraciones del ministro Longueira sobre los plebiscitos, -“Son el camino para la demagogia, el populismo y el caudillismo”-, y compararlas con las hechas para
Patético fue el espectáculo protagonizado por Sergio Bitar y el economista neoliberal Joseph Ramos en la pantalla chica. Ante la coherencia de los planteamientos y la tranquilidad para exponerlos de Francisco Figueroa, vicepresidente de
En el principio de los tiempos, a las movilizaciones de los estudiantes pocos daban alguna importancia. Ni el gobierno con su estupidez genética, ni la izquierda en su
Primero lo dijo el gran jefe, Su Excelencia el Presidente de