El pésimo comportamiento ambiental de nuestro país, medido según indicadores políticamente neutros de contaminación y depredación natural, es reconocido internacionalmente. Y desde nuestra perspectiva, las condiciones de injusticia socio-económica del sistema neoliberal agravan la situación y determinan el carácter estructural de la crisis ambiental chilena.
¿Qué es la “participación ciudadana”? La literatura disponible ofrece una amplia gama de definiciones sobre la materia. Su denominador común sabe a democracia llevada a su máxima expresión: todos contamos y decidimos de todo. A los políticos les encanta este concepto ingrávido, retórico, histriónico. Los enloquece porque en sí mismo es una entelequia ambigua y atractiva; balsámica: huele y se ve bien, suaviza el griterío popular y da un brioso aspecto al futuro. No obstante, la participación ciudadana, como hoy está concebida, es como la esperanza: mantiene pero no engorda.
El señor vocero del gobierno que se supone debería representar a todos los chilenos nos ha recordado, con una sinceridad insólita, que los estudiantes no son los dueños de Chile. Ha olvidado especificar quienes serían los que pueden contar como dueños. Pero no es difícil imaginarlo.
Cualquiera sea su resultado final, el movimiento estudiantil está provocando un despertar de la sociedad chilena. Al esclarecer lo cavernario del sistema educacional actual y su vinculación con el conjunto del sistema económico-social impuesto a sangre y fuego por la dictadura y consolidado pacíficamente por el liderazgo de
El movimiento estudiantil está colocando en el actual escenario político chileno a toda una nueva futura generación de dirigentes y constructores, los nuevos líderes indispensables, todos creíbles, los que serán en los próximos tiempos esos cercanos, los protagonistas y organizadores de los proyectos que han quedado inconclusos. Cuantos proyectos han quedado en el camino, y no ha sido por falta de voluntad, han sido cortados por los que quieren un país chiquito….solo para ellos.
La realidad no les cabe en la cabeza. El gobierno trata desesperadamente de entender lo que está ocurriendo en las calles de Chile. Un número importante de organismos del Estado, sobre todo los que manejan los asuntos de seguridad, el análisis político y la gestión de crisis, están apremiados de preguntas para las cuales no tienen respuestas: qué organizaciones están detrás de las movilizaciones, quiénes son los dirigentes, si tienen o no nexos con grupos terroristas o extremistas, cuáles son los márgenes de negociación.
C
Este titulo podría traer a colación algo así como el nombre de una película y nunca el momento político social, generado por las intensas movilizaciones de los estudiantes chilenos en los últimos meses.
Venido directamente de las catacumbas pinochetistas, el senador designado Carlos Larraín Peña desentierra el odio que la derecha mantiene siempre al alcance de la mano, y se despacha una definición que, si se mira bien, resulta interesante extrapolar a la luz de los últimos hechos.
Hace algunos días, el primer mandatario de