¿Expulsión o plebiscito?
La Falange y, luego, la Democracia Cristiana se definieron, en su Declaración de Principios, como anticapitalistas y anti colectivistas, que es la esencia del “vuelo del cóndor”. Por desgracia, en primer lugar, por el predominio del freísmo y, posteriormente, de los famosos “príncipes”, es decir la preponderancia de la familia Walker y de la cáfila de antiguos hijos de próceres de ese partido político, además de los Gutenberg Martínez, Mariana Aylwin y de otros influyentes personajes. Lo mínimo que se puede decir de ellos es que son neoliberales-humanistas en toda la extensión su significado de la palabra, por consiguiente, lo único que no se les puede pedir es que sean anticapitalistas, así puedan jugar rememorando el espíritu de la Falange o de la Democracia Cristiana, cuando era anti derechista y anticapitalista.
Había rumores/percepciones de que la oposición de derecha ocuparía febrero, mes tradicional de descanso y repliegue político, para re/continuar sus ataques al gobierno y particularmente a la Presidenta Michelle Bachelet.
La política y los negocios en Chile no van de la mano, son uno. Uno, en la medida que la dictadura logró una simbiosis práctica entre la infraestructura económica del modelo y las estructuras sociales y políticas que le reproducen. Fue capaz de hacer converger los intereses de toda una clase (de izquierda a derecha); le dio materialidad a un proyecto histórico.
En Chile, la única ley que existe es la del embudo, pues el Estado de derecho es un verdadero sarcasmo, y hablar de igualdad ante la ley, francamente, produce hilaridad. Si no existiera “el peso de la noche” – una inconsciencia permanente de muchos analfabetos políticos y funcionales – hace mucho tiempo que estas castas políticas, empresariales y religiosas habrían sido expulsadas con una patada en el trasero. En un solo día se lee en la Prensa investigativa –CIPER Chile, por ejemplo – la existencia de tres escándalos, protagonizados por los poderosos de Chile: El PentaGate-UDI, el NueraGate y los dineros depositados por los más ricos del país en paraísos fiscales – estos últimos, descubiertos por una denuncia ante el gobierno francés, que está realizando una indagación acerca de dineros en países como Suiza y, además, en las Islas Vírgenes, lugar predilecto para las inversiones de los millonarios chilenos.
La noticia ha remecido el país en todos sus estamentos ciudadanos. Y con razón. No es banal que quien fuera miembro de la Junta de Gobierno, Vice-Comandante en Jefe del Ejército y Senador designado se encuentre arrestado por orden judicial en un Regimiento de la capital, a raíz de un proceso que lo acusa como responsable de incalificables homicidios ocurridos hace 40 años.
Los Pelambres, una mina de posesión de la familia Luksic – una de las más acaudaladas de Chile – ubicada en el Valle de Choapa, cuyo relave está envenenando a un conjunto de poblados agrícolas de este Valle transversal de la IV Región, a causa de la contaminación de las aguas de vertientes y ríos que, otrora, permitía la sana convivencia entre el hombre y la naturaleza. Con el descubrimiento del escándalo de proporciones insospechadas de Penta-UDI se hace cada día más evidente que los dueños de Chile hacen lo que quieren con los políticos, sean del Parlamento o del Ejecutivo. Sabemos que Penta es la “caja pagadora de la UDI”, como también que los Luksic y otros potentados son también los “San Expedito” de la Concertación, hoy Nueva Mayoría, – baste citar el “creditazo” otorgado por el Banco de Chile a la nuera de la Presidenta de la República -.
Durante el primer gobierno de Perón se descubrió el caso de Juancito Duarte – hermano de Evita y secretario del Presidente – quien había incurrido en graves delitos financieros, pero un buen día fue encontrado muerto en su departamento y, hasta ahora, se ignora si fue suicidio o asesinato.