No fue para esto compañeros

Hoy al almuerzo alguien mencionó un lugar, me acordé de una acción de resistencia a la dictadura en que participé, la tenia olvidada. Tanto esfuerzos, que algunos pagaron muy caro, incluso con la vida misma. Alguien dijo, con razón; los grandes cambios los sueñan los idealistas, los llevan adelante los jóvenes y se aprovechan de ellos los sinvergüenzas.

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De la resistencia a la hegemonía

El paso de los indignados y los ocupa a Syriza y a Podemos es el paso de la resistencia a la disputa de hegemonía. Son las formas concretas que asumen la resistencia al neoliberalismo y el paso a la lucha por la construcción de alternativas.

 

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Sin principios no hay ética política

La política se ha definido, genéricamente, como el arte de lo posible. No es posible negociar sin principios ni valores. Los actores políticos deben reconocerse, defender su proyecto, sea cual fuere su ideología. La política no es un juego que se resuelve en ganar, si para ello se renuncia a la conciencia ética. Sin principios la política acaba siendo un conjunto indeterminado de actos tendientes a justificar la indignidad. Baste recordar los acuerdos de San Andrés.

 

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Y, después del niño mimado de Leipzig, ¿qué?

Bueno, dado que este país se ha convertido en un chiste, y que ante la imposibilidad de cambios significativos que obliguen a tomarlo en serio, no resta sino asumir esa realidad, y qué mejor que riéndose de la desvergonzada actuación del hijo y la nuera de la Presidenta Michelle Bachelet, y a partir de esa tragedia, hacerse la pregunta de lo que queda de febrero, ¿quién reemplazará al mimado de mami? Frente a ello, por supuesto que existen cientos de postulantes, unos más calificados que otros; algunos más divertidos y estrafalarios; muchos desesperados, ambiciosos, oportunistas, conspiradores, que sin embargo no calificarían ni apoyados por el mejor de los padrinos, ni aunque el mismísimo Andrónico les pasara 6 mil 500 palos para llegar a golpear la puerta del Palacio. Así como hay otros que gozan de méritos de sobra, y de prestigio.

 

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Nueva tarea para los moralistas que censuran en La Moneda

QUE la mujer del César no solo debe ser honesta y digna sino, también, parecerlo, es una máxima que en Chile, cada día, adquiere mayor réplica y robustez en materia de asuntos públicos. Nótese que escribí ‘asuntos públicos’, pues no estoy haciendo referencia únicamente a la actividad política, pese a que esta resulta ser la madre de todas las sanciones cuando llega el momento de juzgar personas y emitir veredictos.

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Dávalos, ¿el “rey de los huevones” o “Pepe Antártico”?

El primer personaje es muy conocido por la película del mismo nombre y, el segundo, pertenece a la revista picaresca chilena de los años cincuenta, y representa a un frescolín. En primer lugar, Sebastián Dávalos se puede ganar gratuitamente el título de “el rey de los huevones”, pues no dejó estupidez por hacer sobre la base de su insaciable amor al dinero, a los autos de lujo, a la propiedad raíz y, en general, a la vida burguesa; se convierte así en un socialista pillín – lo son algunos ex Mapu como los Correa, los Brunner y los Tironi -.

 

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La guerra en Ucrania: el choque entre la civilización ortodoxa y la civilización occidental

Hay graves errores politológicos que cometen civilizaciones en decadencia. Uno de ellos es tratar de defender lo indefendible. Este es el dilema que hoy día tiene la civilización occidental con respecto a Ucrania. Desde la caída de la Unión Soviética a principio de los años 90 del siglo 20, los Estados Unidos han venido dando activo apoyo a líderes y pueblos que deseaban liberarse de la dominación rusa. Esto lo ha hecho Estados Unidos en Europa Oriental, el Cáucaso y Asia central. En Europa esta política tuvo gran éxito ya que la civilización occidental recuperó Alemania Oriental, los países bálticos, Polonia, Checoeslovaquia, Hungría, Rumania y los países de la ex Yugoeslavia. Las fronteras del oeste se movieron así varios cientos de kilómetros hacia el este y la OTAN llegó a los límites de Rusia.

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El catalizador griego

Las decadencias imperiales crean graves crisis financieras y económicas, provocan tensiones insoportables en las relaciones internacionales, desatan conmociones políticas y sociales en los países y regiones claves, incitan a guerras y rebatiñas entre las potencias aspirantes a reemplazar al hegemón que se desmorona, o al menos así fue hasta que las armas nucleares pusieron en el centro del problema la destrucción planetaria, me digo cada vez que trato de desenmarañar lo que está sucediendo actualmente con la demencial política de Estados Unidos hacia Rusia, pero no solo contra ese país sino contra todos los gobiernos que pueden amenazar de cerca o de lejos una hegemonía neoliberal que ya fracasó, pero a la que siguen aferradas los intereses económicos y financieros que controlan las fuerzas políticas en Washington. 

 

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