
¿Será cierto aquello que, más importante que saber, es tener el teléfono del que sabe? Pinochet no sabía mucho, pero tenía el teléfono de Jaime Guzmán. Pinochet no era ni De Gaulle ni Eisenhower, quienes desde la milicia pasaron a la política –asegurándose el reconocimiento de los historiadores como auténticos estadistas–, sino más bien un militar mediocre, cuyo precario intelecto le impidió hacer el mismo tránsito democrático de sus famosos colegas generales; falencia que sin embargo no fue obstáculo para anotarse un triunfo en la historia chilena que muchos quisieran: seguir dirigiendo el país desde el más allá.

El duopolio insiste en defender la corruptela, con lo que inconscientemente opta por el suicidio y el derrumbe estrepitoso del sistema, de su particular sistema, el cual se ha sustentado en engaños, traiciones y entreguismos.
Una de las primeras tareas que debe enfrentar un gobierno de verdad democrático, es revisar la normativa por la cual el Cuerpo de Carabineros lleva a cabo sus misiones. Es una reforma que está pendiente.


Sin el pueblo en las calles, la depresión presidencial y la pudrición del sistema va encontrar una vía de escape que tendrá apariencia y pomposidad de solución, pero que no será. Los pasadizos y oficinas secretas, que es donde reside el verdadero poder, ya habrán visto incrementado su movimiento para salvar la situación.
Una Universidad no solo entrega títulos profesionales, más importante aún que eso, una universidad es una institución dedicada a generar conocimiento, pensamiento, a contribuir al desarrollo social, a profundizar la democracia, a construir ciudadanía. Todo eso simultáneamente, indisolublemente.