
Sabemos que en Chile reina una monarquía absoluta y los ciudadanos creen que los jefes de Estado descienden de Dios. A mediados de su mandato los zarandean con un 30% de apoyo, para aumentarlo, al final, entre un 50% y un 80%. ¡Atrévase a decir que Chile ha tenido presidentes corruptos! Seguro que lo gritonean y lo tratan de pésimo historiador. ¿Acaso, Juan Luis Sanfuentes, (1915-1920), no era un pillín de siete suelas, o Augusto Pinochet, “un probo e inmaculado angelito”? José Joaquín Prieto – el primer presidente de los decenios – por su parte, era un milico tarado y criminal, y a algunos historiadores de derecha les encanta decir que el ministro Diego Portales era de tal honradez que carecía de dinero para comprar rapé, cuando en la realidad, era un mercachifles que, incluso, arruinó el país con el estanco tabaco. También hay que hacer justicia a algunos presidentes que no hicieron negocios no se enriquecieron a costa del fisco – Aníbal Pinto, Pedro Aguirre Cerda, Eduardo Frei Montalva, Salvador Allende y muchos otros -.




El modelo económico chileno funciona de acuerdo a los parámetros neoliberales de Mont –Pelerin (1947), pero su instalación concreta en una economía monoproductora (cobre) sólo fue posible con la burguesía financiera como gángster cobrando peajes en toda la actividad económica lo cual trajo la corrupción de todo el sistema, incluida la política.
Nicolás Maduro debe estar agradeciendo todos los días la torpeza, la arrogancia y la prepotencia brutales de los imperialistas, sobre todo estadunidenses, pero también la de los perros falderos de Washington que controlan la prensa y la diplomacia de los países europeos. Las medidas y las amenazas estadunidenses contra Venezuela, so pretexto de que ésta pondría en peligro la seguridad de la primera potencia militar del planeta, le han servido, en efecto, al gobierno venezolano para movilizar la población, así como para exaltar el nacionalismo y el papel de las fuerzas armadas, que son el principal apoyo del gobierno.
La encargada de Prensa y Comunicaciones de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos – AFDD – ha informado que el 7 de abril recién pasado fueron asaltadas las oficinas de esta Asociación, ocasionando destrozos en puertas y ventanas pero, extrañamente no sustrajeron especie alguna. El comunicado Dice: “A la hora de los hechos los vecinos alertaron a Carabineros, vinieron y vieron lo que había ocurrido y se fueron…Extraño protocolo para accionar, más aún dejando un edificio de oficinas, abierto y sin protección alguna a merced de otros delincuentes que quisieran finalizar la tarea”. Este atropello nos parece de la mayor gravedad, máxime cuando está dirigido contra una organización que lucha por la defensa de los derechos humanos.
Cuando Luis Maira, fundador del Partido Izquierda y uno los más brillantes políticos que ha pasado por el Congreso Nacional, además de intelectual de gran calidad, escribió un libro en que planteaba la hipótesis de la ruptura constitucional, que desmentía la tesis de la Concertación que, en la época, reunía a democratacristianos y socialistas de Carlos Altamirano, instancia que creía que reconociendo la Constitución de 1980, tal cual se presentaba, con algunos retoques, bastaba para asegurar la transición a la democracia. En ese tiempo se dieron dos alternativas de partidos instrumentales en la izquierda política: por un lado, el PPD, de Ricardo Lagos y, por otro, el Partido PAIS, que presidía Luis Maira y que integrada, entre otras fuerzas, a la Izquierda Cristiana, el Partido Socialista, de Clodomiro Almeyda y el Partido Comunista. El Partido PAIS no logró cuajar después de una baja representación parlamentaria, terminando con la unión de los socialistas, que atrajeron a los Mapus e Izquierda Cristiana para conformar el actual Partido.