“Es nuestra confianza en nosotros lo que incrementa nuestra fe en los grandes valores de la humanidad, en la certeza de que esos valores tendrán que prevalecer. ¡No podrán ser destruidos!”
(Allende, 1972)
Archivo periodístico 2005–2019
“Es nuestra confianza en nosotros lo que incrementa nuestra fe en los grandes valores de la humanidad, en la certeza de que esos valores tendrán que prevalecer. ¡No podrán ser destruidos!”
(Allende, 1972)

Las reacciones que las olas migratorias de refugiados provenientes del Oriente Medio, de Siria y otros países, están causando en los países de la Unión Europea (UE) confirma que las elites europeas nada aprendieron de su propia historia pasada y reciente, y que por esa razón son incapaces de pensar y proponer soluciones a problemas cruciales que afligen y afligirán a esa región.
Durante el mes de septiembre iniciamos desde la Fundación Constituyente XXI en conjunto con la Mutual de Trabajadores del Transporte una serie de Talleres participativos por la Asamblea Constituyente destinados a elaborar contenidos para una nueva Constitución. El primero de ellos fue sobre régimen económico y propiedad y contó con la exposición de los economistas Andrés Solimano y Patricio Guzmán.

La comuna de San Miguel es una de las más antiguas comunas de las 52 que forman la región metropolitana de Santiago. Colinda con las de San Joaquín, Pedro Aguirre Cerda, La Cisterna y Santiago. Ha sido muy famosa por la familia Palestro, sobre todo por el combativo diputado Mario Palestro, quien con su característico humor la llamaba la República de San Miguel. Uno de sus sobrinos, Julio, es el actual alcalde por varios períodos. Los vecinos más antiguos tienen excelentes recuerdos de Tito Palestro quien también ejerció por muchos años como alcalde.
No resulta extraño que las declaraciones del Ministro Eyzaguirre sean calificadas como una honesta autocrítica, aún cuando en realidad son opiniones desleales con quien lo tiene en su puesto de Ministro, a la que debió advertir de sus visiones contrarias a la agenda de reformas antes de llevarla a cometer algunos de sus desatinos.
La corrupción instalada en varios países de América, en vez de provocar la rebelión popular, produce apatía, desesperanza e inmovilismo en los ciudadanos, pues llega un momento en que el diagnóstico es evidente: todos los políticos son ladrones, todas las instituciones son corruptas, y votar por uno o por otro candidato sea en blanco, nulo o abstenerse da lo mismo. Este escenario de indolencia generalizada podría ser caracterizado como una “nihilismo” electoral.
Dos cosas: primero, es curioso que en la última edición dominical de El Mercurio –ni en el cuerpo Nacional, ni en el de Reportajes– no haya una sola imagen de la Presidenta Bachelet, cuya segura aparición resultaba obvia tras la encuesta Adimark que la lanzó al piso con un 72 por ciento de rechazo; segundo, no fue necesario que hubiera tal imagen. En rigor, la Mandataria sí aparece dando una entrevista en el Cuerpo D. Lo hace a través de su ventrílocuo Nicolás. ¿En qué cabeza cabría la ingenua idea de que un ministro del equipo político, sobre todo en tiempos de crisis, corra con colores propios, echando a correr un mea culpa de semejante magnitud? “La gestión del Gobierno no ha sido buena”.

A final de cuentas, lo que Donald Trump removió con sus arteras agresiones verbales contra los mexicanos puede tener un efecto mucho más profundo, en el contexto de la política estadunidense. Dio voz a quienes habían sido marginados, como resultado de los avances en materia de derechos civiles cuyas manifestaciones racistas habían sido acalladas por una mayoría que ha luchado para superar las relaciones sociales que prevalecían en el pasado, pero que hoy ya no tienen cabida.
La Unión Europea, invención supranacional, base de una cultura cuyos moradores se vanaglorian de ser la cuna de las instituciones democráticas, está sumida en la mayor degradación humana que conoce su historia reciente. Miles de migrantes, provenientes de Siria y Libia, buscan refugio en la ilustrada Europa. Países destruidos por guerras espurias apoyadas y financiadas, recordemos, como el Talibán en Afganistán, por Estados Unidos y sus aliados comunitarios.

En las páginas siguientes presentaremos algunas objeciones a la afirmación de que el Presidente Allende no se quitó la vida la tarde del 11 de septiembre de 1973, sino que fue asesinado, cerca de las dos de la tarde, presumiblemente por uno de los soldados que habrían penetrado a la oficina presidencial, ubicada en el segundo piso de La Moneda.