
El éxito editorial de la Historia de Chile de Francisco Antonio Encina, ha logrado el milagro de provocar un sentido común racista y decadentista, que es repetido año a año, mes a mes, por la Prensa de derecha. No puedo negar que la historia novelada y llena de anécdotas del historiador del Fundo del Durazno, de Talca, es mucho más entretenida que la positivista Historia de Chile, de Barros Arana; el historiador, resucita épocas pasadas, no es ningún investigador, ni un archivero, como diría el historiógrafo de Talca. Cuando Encina habla de límites con Argentina, Bolivia y Perú, surgen todos sus prejuicios racistas; según él, los mapuches son un pueblo que aún permanece en la edad de piedra pero, afortunadamente, en nuestro país predominó la sangre goda; en Bolivia, por el contrario, sólo el 15% es blanco, en un mar de aymaras y mestizos; Encina no podía evitar citar al más racista de los escritores latinoamericanos: el calvo Domingo Faustino Sarmiento, el autor de la famosa obra Facundo y la lucha entre la civilización y barbarie: “Hacía ya muchos años que regía a Bolivia el cholo cuya duplicidad inspiró a Sarmiento esta célebre frase: a los bolivianos hay que saludarlos en plural para que no se resienta el diablo y la mentira…” (Encina, 1963).
A partir de las “magistrales” clases de Miguel Otero, impartidas a los militantes de RN, que se solazaban al escucharlas, las academias de ciencias políticas de los distintos partidos se han puesto de moda, y parecen ser más entretenidas que cualquier escuela de verano de una universidad, al decir de unos “duendes periodísticos”, que se infiltraron en la escuela para cuadros del PPD. El conferencista era el genial y polifacético Nicolás Eyzaguirre, quien entre sus muchos méritos cuenta con el de ser hijo de la excelente actriz, Delfina Guzmán – Eyzaguirre me cae muy bien por su sensibilidad al llorar a moco tendido en el entierro de mi madre y, además, pienso que es el único economista que es un ser humano y no un robot -.





En la política posmoderna la ideología de los paridos políticos tiene poca importancia, pues en su mayoría, corresponden a un tipo de conglomerados llamados “escoba”, cuya finalidad es “cazar” el mayor número de posibles adherentes, o bien, para usar otra expresión como un tipo de asociación de profesionales y técnicos que delineen políticas públicas, sin importar el número de seguidores que puedan conquistar.
