En mi opinión, la Presidente electa es más poderosa que Victoria – la reina virgen – y que Catalina de Rusia – la golosa – que, como sabemos, tiene un carácter fuerte, en medio de su dulzura y cercanía: siempre se las arregla para terminar dominando a los jefes de partidos a quienes, desde el fondo de su alma, los quiere, pero de lejos (Véase en Secretos de la Concertación…, de Carlos Ominami, la forma en que trataba a los barones socialistas en la primera candidatura presidencial).