
En la ceremonia de traspaso de poder todo se le dio a pedir de boca a Michelle Bachelet: en primer lugar, el simbolismo de que dos mujeres, Isabel Allende, presidenta del senado, y Michelle Bachelet, Presidenta electa, tuvieran un rol protagónico en la entrega de la banda presidencial, pues no es banal que estas dos importantes mujeres sean hijas del ex Presidente Salvador Allende y del general Alberto Bachelet, respectivamente, ambos asesinados por la ralea militar -, Salvador Allende, que fue presidente del senado durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva, representa lo mejor de la república chilena, fenecida el 11 de septiembre de 1973.

Me precio de la amistad del abogado Roberto Celedón desde hace muchos años: ambos pertenecimos al partido Izquierda Cristiana – hoy domina, prácticamente, el gabinete de la Presidenta electa – y compartimos el exilio, en Europa. Ya, en un artículo anterior, donde tomaba una de las frases de Groucho Marx “…Nunca pertenecería a un club que admitiera como socio a alguien como yo”, para significar que a nadie le recomiendo que siga mi trayectoria en los diversos partidos políticos donde he militado. El Mapu y la Izquierda Cristiana comenzaron como idealistas, plenos de esperanza, pero hoy son oportunistas y cultores del “pituto o muerte”. Durante el gobierno de Ricardo Lagos, la hegemonía la tuvieron los ex Mapu y, en el de Michelle Bachelet, la ex Izquierda Cristiana – hoy fundidos en muchos partidos -.
