
Nada más difícil que aspirar a transmitir el pensamiento del Presidente actualmente en ejercicio y, como quiere representar, de la mejor forma, su papel de reyecito, que cumple, a la vez, todas las tareas que, normalmente, corresponden a un equipo de ministros, no puede tener una vocera que sea capaz de interpretar los pensamientos e ideas – miles por segundo – que, esta locomotora humana, desarrolla durante las 24 horas del día. Si bien, el hecho de llegar a la presidencia de la república es la máxima felicidad a la cual puede aspirar un ser humano, para el Presidente Piñera esta parusía llega a su culmen.



En la historia de Chile, proporcionalmente, los dos Frei, padre e hijo), han ostentado el récord en votación popular: en 1964, Eduardo Frei Montalva obtuvo 1.409.012 sufragios, con el 55,7%, de un total de 2.530.967 votantes; en 1994, Eduardo Frei Ruiz-Tagle obtuvo 4.040.497 votos con el 57,98%, con un universo de 7.000.000 de votantes. Ambos gobiernos condujeron a su combinación política y a su partido, la Democracia Cristiana, en particular, a un gran desangre electoral: en el período de Frei Montalva, la DC obtuvo el 42,3% de los votos y, cuatro años después, el 29,8%; a partir del gobierno de Frei Ruiz-Tagle la Democracia Cristiana ha perdido cerca de un millón de electores.
La segunda vuelta presidencial era completamente predecible y las tres profecías básicas se dieron con creces: 1) la alta abstención que, en las elecciones del 15 de diciembre, llegó al 58%, es decir, casi ocho millones de chilenos habilitados para votar no concurrieron a las urnas; 2) el desastre de la derecha, que ya se había manifestado en la primera vuelta con el 24% a favor de la candidata, y que llegó, en la segunda vuelta, a 37,8%; 3) el triunfo cómodo de Michelle Bachelet, que su subió de 47% al 62,1, en la segunda vuelta. (Cada uno de estos temas merece una columna en particular).


Además de ser una siutiquería, es una falacia que “en las elecciones se expresa la soberanía popular”, pues desde que existen los candidatos, los gobiernos, los partidos políticos y, sobre todo, los dueños del poder económico, los interesados recurren a diversos expedientes para falsificarla. Entre esas patrañas podemos destacar: 1) el sistema binominal; 2) el cohecho directo o disfrazado – por ejemplo, en anteojos, zapatos, y otros , el primero y, el segundo, en intervención electoral, feria de bonos y oferta de trabajo -; 3) el aporte económico de las transnacionales a las distintas candidaturas.