A pesar el ser el rey de los lugares comunes, debo confesar que admiro a este técnico de fútbol, pues sus comentarios son geniales, y si los jugadores tuvieran, como la televisión, una Lauchita en la oreja, no cometerían ningún error, lo cual aseguraría el triunfo. Hay que reconocer que, más a Bielsa y a Sampaoli, Chile le debe todo al profesor Bonnini por sus interesantes comentarios y buenos consejos. Claro que desde la sala de redacción podríamos cambiar la estatua del general Fox, que falsamente se cree que es la de Baquedano, por la de Luís Bonnini.

El título hace alusión, en forma análoga, a una pregunta del padre Alberto Hurtado “¿Es Chile un país católico?” Para empezar, hay que diferenciar entre la democracia formal y la sustantiva. Este primer artículo me limitaré sólo a la formal, dejando para otra ocasión lo relativo a aspectos económico-sociales y a democracia directa.

El acuerdo unánime de todos los ministros concernidos con el tema de la viabilidad del proyecto de HidroAysén constituye un nuevo triunfo de los movimientos sociales, que gracias a su organización y lucha permanente, han podido avanzar, así sea con paso cansino. Las castas en el poder sólo acceden al cambio cuando hay una gran presión por parte de “la calle”. El mérito de este Acuerdo pertenece a su gente y a los movimientos ambientalistas, en especial “Patagonia sin Represas”.
La educación no puede ser asunto de mercaderes, ni de tecnócratas, sino, fundamentalmente, de la comunidad educativa: profesores – directores, alumnos y apoderados y demás funcionarios de cada escuela y, sobre todo la ciudadanía -. La tentación del despotismo ilustrado es difícil de vencer para cualquier gobierno, así, desgraciadamente, la reforma en curso, emprendida por el ministro de Educación, Nicolás Eyzaguirre, no escapa de este círculo vicioso.

En el pasado, ningún ignorante roteque se atrevía a postular a tan alto cargo; por fortuna, aristocráticos presidentes los nominaban sin necesidad de recurrir a la brutalidad del sufragio popular. Es cierto que, a veces, lograban ser senadores algunas personas pertenecientes a la aristocracia empobrecida, como Manuel Montt y Antonio Varas, poco importaba que hubieran nacido en un pueblo chico, como Petorca, pero al fin, pobre y todo, eran gente como uno. Parece que a Balmaceda lo derrotaron por haber introducido a algunos siúticos, como Domingo Godoy y Julio Bañados Espinosa; la misma juventud dorada se encargaba de burlarse de estos entrometidos, silbándolos en el Club Hípico. No permitimos que un Yánez Ponce de la chimba fuera candidato a presidente
La dinastía de los borbones ha sido una verdadera plaga durante los tres siglos de reinado de España: baste recordar a Carlos IV y su esposa María Luisa, y su amante válido, Manuel Godoy; a Fernando VII, “el rey felón” – como lo llamaban sus súbditos – uno de los seres humanos más miserables que han pasado por la tierra, un tipo tragón, que se enfermó de gota a fuerza de consumir ricos y costosos manjares sin ningún control, como también un traidor a su pueblo cuando luchaba contra la invasión de los franceses, (1808); este rey pretendía formar parte de la familia de Napoleón que, con razón, lo despreciaba cual polilla abyecta; una vez liberado del supuesto cautiverio en Francia, juró respetar la Constitución liberal española de 1812, la Pepa, pero nuevamente la traicionó reimplantando el absolutismo y la inquisición.
Los sacerdotes pederastas tienen a un santo y protector en la iglesia católica, el Papa Juan Pablo II, quien durante varios años protegió y amparó al trasgresor Marcial Maciel, el fundador de Los Legionarios de Cristo, así como a muchos otros, frente a los delitos de pedofilia, la iglesia era una gran encubridora.