
A fines del siglo XIX nuestro modelo fue la educación alemana: se sostenía que Alemania había ganado la guerra a Francia, 1871, gracias a la grandes competencias docentes de los profesores primarios. El gobierno chileno, con su Presidente, José Manuel Balmaceda, decidió nada menos que imitar a los teutones, fundando el primer Instituto Pedagógico, del cual egresaron los mejores profesores del Estado docente – Enrique Molina, Alejandro Venegas, entre otros connotados institutores -. Los profesores, invitados desde Alemania para liderar la reforma chilena fueron de tan alta calidad que dejaron obras de investigación sobre geografía, cartografía, fauna y flora, y otras materias, hasta ahora insuperables. Se dice, y con justicia, que amaron más a Chile que sus propios alumnos; en Colombia ocurrió algo parecido: el mejor geógrafo en la historia de ese país fue un profesor alemán, que decidió quedarse en ese país.
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