Augusto Pinochet, para vergüenza de nuestro país, murió en su cama, rodeado de todos los cuidados y sin haber pasado ni un solo día por la cárcel, que merecía de sobra por todos sus crímenes de lesa humanidad. En el caso de Manuel Contreras Sepúlveda, Jefe del aparato represor más sanguinario y cruel que haya existido en Chile, la DINA, condenado a cerca de 530 años de prisión, apenas alcanzó a cumplir 18 de ellos, entre los resorts Punta Peuco y Cordillera y el Hospital Militar, de lujo y con los mejores especialistas. Las víctimas de Contreras, antes de morir, sufrían crueles tormentos y sus cuerpos eran luego destrozados y muchos de ellos hechos desaparecer.
La iglesia católica se ha creído siempre la heredera del emperador Constantino, en consecuencia, se considera un poder terrenal y que tiene a su haber los más atroces crímenes contra la humanidad: Las Cruzadas, La Inquisición y las Guerras de Religión, sin contar con el aplauso del nazismo y del fascismo por parte del Papa Pío XII. Hoy es más difícil la instauración de una teocracia pues, por fortuna, la mayoría de los Estados en el mundo son laicos – nada más funesto que los famosos monoteístas, herederos de Abraham -.
Los cónclaves surgieron a raíz de la dificultad que tenían los cardenales para elegir al nuevo Papa y, como las sesiones tenían una duración, incluso de años, en la elección del Sumo Pontífice se determinó encerrarlos bajo llave hasta que hubiera consenso y “humo blanco”. Llamar “cónclave” a estas reuniones de los plutócratas de la Nueva Mayoría me parece muy adecuado y adaptado a las actuales circunstancias políticas: se trata, como lo dijo con emoción la Presidenta Bachelet, ante todo, de mantener la unión de los partidos que integran la Nueva Mayoría.


Como muchas veces, la Concertación siempre ha buscado mecanismos para justificar su vocación pactista con los grandes poderes fácticos y, actualmente, recurre a las malas cifras económicas para olvidarse de su apoyo prometido a las reformas prometidas por la Presidenta por parte del 60% de los ciudadanos que votaron por ella en las últimas elecciones; la Mandataria recurre a la idea críptica de “realismo y renuncia” cuando, en verdad, se trata de “renuncia sin realismo”.