
El 14 de Julio recordamos un nuevo aniversario de la Revolución Francesa. Albert Soboul, uno de los mejores historiadores de ese período describe, con detalles, el paso de lo que él define como “la dictadura revolucionaria de los jacobinos” al reaccionario Termidor. Chile tiene la desgracia de haber llegado a la decadencia sin pasar por la gloria, de estar en el Termidor sin ni siquiera haber recorrido el jacobinismo. En el fondo, las famosas reformas de Bachelet, anunciadas con bombos y platillos, han quedado en la nada: fueron apenas un sueño que sólo alcanzó a inquietar, sin motivo alguno, a quienes en verdad detentan el poder.


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Cada vez estoy más convencido de que las democracias representativas se han convertido en el coto de caza de la Banca, pues una democracia sin ciudadanos no se le puede denominar como tal. Sin ir más lejos, en América Latina la mayoría de los monarcas-presidentes, en menos de un año terminan con un ridículo y exiguo apoyo ciudadano, reflejados en las encuestas de opinión – en Perú, el Presidente Ollanta Humala cuenta con sólo el 10% de aprobación y en un poco superiores porcentajes se encuentran las Presidentas de Brasil, Chile y Argentina <Uruguay sería la única excepción> – y en este derrumbe de la representación en una muy débil democracia ¿quién podría aceptar como legítimo a instituciones del Estado, que tan sólo representan un escaso 10% de aceptación ciudadana?



