La movilización de los estudiantes universitarios chilenos para que la educación sea reconocida como un derecho, vuelva a estar bajo la tuición del Estado y se financie con las decenas de miles de millones de dólares que se llevan las empresas extranjeras del cobre, forzó al gobierno de Sebastián Piñera a realizar un cambio de gabinete. La demanda estudiantil no es nueva.durante el mandato de la presidenta Bachelet fueron los alumnos de secundaria los que salieron a las calles reclamando el término del sistema educativo impuesto bajo la dictadura de Pinochet,que municipalizó la educación.
Acabo de leer el artículo de mi amigo José Bengoa y comparto plenamente su indignación respecto al atropello de la memoria histórica de élites en el poder. Es indignante que los “niños de la escuela de Pinochet” hayan tomado, por medio de un golpe de timón, el poder, casi absoluto, del gabinete ministerial. Esta situación es la resultante de la miserable traición de aquellos que dirigieron la Concertación y se confabularon para co-gobernar con los herederos del tirano Augusto Pinochet.
Y en estos tiempos, la generación del futuro los deja a todos al desnudo…Estuvieron durante veinte años administrando el modelo heredado por la dictadura de las Fuerzas Armadas.
Quienes hoy gobiernan directamente son los retoños de Pinochet; los “wagnerianos” de Chacarillas. Lo hacen esgrimiendo los postulados que los aprendices de brujo de Milton Friedman aplicaron en un Chile arrasado a sangre y fuego por -como dice la canción- el “vil soldado”. Piñera, allá por los ochenta, fiel al precepto de la Escuela de Chicago, lo escribió y hoy lo verbaliza: “La educación es un bien de consumo”. Conocíamos el fondo de su pensamiento, pero los medios olvidaron recordárselo a los chilenos durante la campaña.
Este gobierno podría asemejarse un poco a los vendedores de la calle Ahumada: para llamar la atención de los transeúntes utilizan términos grandilocuentes: por ejemplo, Joaquín Lavín, por dos o tres pequeños e insubstanciales cambios, habló de “la revolución educacional”; se inaugura un hospital y la salud pública chilena es de las mejores de los países desarrollados; ahora, en el discurso del presidente de la república, en referencia al tema educacional,
Aunque en el léxico forense sea técnicamente correcto; ofrendar la vida por una causa en la que se cree desde la perspectiva inteligente del luchador social, es un acto de tal grandeza que reducirlo al suicidio, es no sólo inexacto sino mezquino. Salvador Allende es un héroe, un paradigma del ser humano capaz de asumir la muerte como un servicio y entregar la vida para plantar una semilla y levantar una bandera.
Algunos de los anuncios del Presidente Piñera en su propuesta GANE —cualitativamente superiores a la mayoría de las medidas de los gobiernos de la Concertación— o la reciente salida del Ministro de Educación, Joaquín Lavín, son triunfos que ya a esta altura puede atesorar el Movimiento Secundario y Universitario por la Educación. Sin embargo, ninguno de estos hechos (anuncios vagos y salidas a medias) representa el comienzo de un cambio estructural que siente las bases del nuevo sistema de Educación que Chile necesita y exige: un sistema que sea a la vez la base de nuestra democracia, la clave para superar las desigualdades, y el motor para el desarrollo individual, social y nacional.
Ud., mister Piñera, tiene toda la razón. Eso lo venimos diciendo desde hace cuatro décadas todos quienes sabemos de economía y nos sentimos parte de
Pienso que el senado es una entidad superflua. Soy partidario de un sistema unicameral, con una Asamblea Nacional que represente la soberanía popular. En los sistemas políticos civilizados – y no nuestra ridícula monarquía presidencial – son senados son organismos decorativos y no tienen poder de decisión política. Así intentó concebirlo Arturo Alessandri, en
Yo de pelotas conozco poco, de algunos pelotas algo, y así como van las cosas hay un pelotudo del que terminaré siendo especialista: no hay como sufrir un mal para conocerlo bien. Lo que en la jerga civil llaman el “líerazgo”, en el mundo de las pelotas se denomina el “coaching” y consiste mayormente en tomar decisiones tácticas, hacer declaraciones filosóficas, y transformar la necesidad en virtud.