Que una sola persona pueda elegir dos senadores en dos regiones diferentes, según su gusto personal y/o compromisos varios –no en la urna, sino en la intimidad de su escritorio, como hizo el presidente de la
Archivo periodístico 2005–2019
Que una sola persona pueda elegir dos senadores en dos regiones diferentes, según su gusto personal y/o compromisos varios –no en la urna, sino en la intimidad de su escritorio, como hizo el presidente de la
La estela risueña dejada por el paso de los estudiantes perdurará aún cuando los ecos de las poderosas manifestaciones producto de sus movilizaciones, se hayan apagado. Entonces habrá que analizar algunas de sus enseñanzas.
Esta es una época interesante, y lo digo en el peor sentido de la palabra. Ahora mismo, estamos viendo no una sino dos crisis inminentes, cada una de las cuales podría provocar un desastre mundial.
Las multitudinarias marchas de más 100.000 personas en Santiago, sumadas a los ciudadanos movilizados en las regiones exigiendo cambios en la educación, son un “apetitoso bocado” para muchos políticos, que ya quisieran tener tal poder de convocatoria.
Bravo, don Hermo! Como admirador suyo, quiero resaltar cuánta razón tiene usted en su artículo de “El Mostrador” titulado: “Falta de autoridad”, del 28 de julio, criticando al gobierno actual: “El principal requisito para gobernar bien” -dice usted- “es ejercer la autoridad”. Nada de elucubraciones sociológicas o filosóficas inútiles.
Los presidentes chilenos tienen más poderes que los monarcas absolutos del pasado, sin embargo, su legitimidad no emana de la divinidad, sino de la soberanía popular, aun cuando, en nuestro caso, el presidente fue elegido con menos de un 30% de los electores potenciales. Los ministros de Estado, en nuestra monarquía, son secretarios que el presidente de turno puede nominar y eliminar a su regia voluntad.
Contar -con palabras e imágenes- el abuso constante en Chile a un público de 480 millones televidentes en el Medio Oriente, tuvo una reacción insospechada. Los comentarios desde lugares de revueltas sociales y represión completa, no cesaban de exponer su incredulidad. “Y no era que Chile es un país modelo de la democracia?” se preguntaban. Para ellos era inexplicable que se reproducía la misma violencia en el Medio Oriente que en Chile, país tan lejano en Sur América. “Nosotros peleamos por la libertad y en contra de la pobreza sometida pero ustedes en Chile qué han hecho para que los abusen de esa manera?” me preguntaba uno desde Egipto hace ya un mes.
El asesinato en masa perpetrado por el fanático de extrema derecha noruego Anders Behring Breivik no es un hecho aislado ni el crimen casual de un loco en un país eminentemente pacífico. Esa es la explicación simplista de la derecha, que lamenta que el autor no haya sido de los otros
y no quiere debate.
El viernes 22 de julio, en columna publicada en el diario La Segunda, el diputado Alberto Cardemil manifestó su rechazo a lo que calificó como la “sórdida selección” de contenidos expuestos en la serie “Los Archivos del Cardenal” de TVN. Sostenía Cardemil que el programa constituía “un abuso de platas públicas, y vulnera las orientaciones programáticas editoriales de TVN”, asociadas a la presentación equilibrada de los hechos, el pluralismo, la objetividad, imparcialidad, rigurosidad, entre otros criterios. Aseveró además el parlamentario que en la misma época en que se narran los hechos (1979-1980), “los compañeros de ruta del héroe, que se jacta de tener reunidas más de cuatro pistolas”, mataron o dejaron mutilados a 20 personas.
Justito en el momento en que el gobierno de la derecha está tirando la esponja y en una situación de inanición política, con menos de un tercio de apoyo ciudadano, y los partidos de derecha con un cuarto, JM llega a apoyarlos.