Bien decía Engels que la ideología no se esconde en la respuesta, sino en la manera de formular las preguntas. En este caso, al aceptar la interrogante, ¿existen golpes de Estado constitucionales?
Archivo periodístico 2005–2019
Bien decía Engels que la ideología no se esconde en la respuesta, sino en la manera de formular las preguntas. En este caso, al aceptar la interrogante, ¿existen golpes de Estado constitucionales?
Un nuevo eslabón se ha agregado recientemente a la cadena de ataques con que la derecha chilena pretende desautorizar y destruir el trabajo que realiza el Museo de la Memoria en Chile. Las declaraciones de doña Magdalena Krebs, directora de la DIBAM (Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos) , retoman los mismos temas ya expresados por otros “intelectuales” de la derecha chilena, y que encuentran el “El Mercurio” una complaciente caja de resonancia.
Un golpe de Estado es una acción desde arriba para interrumpir un proceso político. No importa quién la realice ni los métodos que utilice. Los golpes al estilo del que derrocó a Salvador Allende cayeron en desuso, por el alto costo internacional que tienen.
Salvador Allende, en su último discurso de resistencia ante el ultraje golpista expresó: “[…] si me asesinan el pueblo seguirá su ruta, seguirá su camino con la diferencia quizás que las cosas serán mucho más duras, mucho más violentas, porque será una lección objetiva muy clara para las masas de que esta gente no se detiene ante nada. Yo tenía contabilizada esta posibilidad, no la ofrezco ni la facilito. El proceso social no va a desaparecer porque desaparece un dirigente. Podrá demorarse, podrá prolongarse, pero a la postre no podrá detenerse.” (8:45 am. Radio Corporación. Santiago)
Pasará poco tiempo antes que las sombras borrascosas que cruzan a los restos náufragos de la Concertación, se disipen. Será cuando los plazos institucionales adviertan que las elecciones están a un paso. Entonces las querellas bajarán de tono y todo volverá a la misma normalidad en que han vivido por más de de veinte acomodados, beneficiosos y productivos años.
Lo acontecido en Paraguay viene a ratificar que las democracias latinoamericanas siguen siendo febles. Sea que se trate de asonadas militares o de enjuagues parlamentarios, lo cierto es que los Golpes de Estado siguen siendo un riesgo en la región. Hace muy poco nos conmovió Honduras, más tarde fue Ecuador y hoy el hedor antidemocrático se ha instalado en Asunción.
El Mercurio ha puesto sus páginas a disposición de una sospechosa ofensiva dirigida contra el Museo de la Memoria. En su edición del día 22 de Junio, el historiador Sergio Villalobos publica una dura crítica donde afirma que la creación del Museo “ha sido una continuidad de disparates”, agregando más adelante:
Tres intereses convergieron para el derrocamiento de Fernando Lugo: los intereses de las transnacionales del agronegocio y del sector financiero; los de la oligarquía terrateniente, aliada al capital transnacional, y los de los partidos políticos de derecha. Todos apadrinados por Estados Unidos.
Estas preguntas van acompañadas de un pésame para la familia de Guillermo Arévalo, marino chileno asesinado recientemente en Port au Prince. También de la expectativa por el sumario administrativo que los ministerios de Defensa y RR.EE. han iniciado. Y por lo que pueda hacer la justicia haitiana para encontrar a kis culpables y castigarlos, en un país de tan débil Estado.
En medio de las tensas expectativas suscitadas en vísperas de los comicios presidenciales de México (donde no hay clima para que los candidatos punteros ganen o pierdan por la mínima diferencia), el golpe de Estado de Paraguay volvió a mostrar que las derechas tienen ideas muy raras acerca de los gobiernos democráticamente elegidos y que pacíficamente buscan cambios verdaderos.