
El principal desafío de las primarias, a realizarse el 30 de junio, consiste en lograr una cifra, al menos decente, de ciudadanos participantes. Ninguno de los candidatos, tanto de la Concertación, como de la Alianza, logra encantar, ni siquiera a sus partidarios: el divorcio entre la democracia electoral y la ciudadanía se hace más marcado cuando se develan la corrupción y la falacia en que han caído ambas combinaciones durante casi un cuarto de siglo. Está claro que la antigua forma de hacer política está agotada, pero parafraseando a Antonio Gramsci “lo nuevo aún no logra nacer. Un poderoso movimiento social no logra todavía canalizarse políticamente en un propuesta política que logre romper las trampas heredadas de la dictadura, consignadas en la Constitución de 1980.

En Chile tenemos una de las derechas más trogloditas del mundo. Sus líderes, salvo muy pocas excepciones, hasta hoy, no han pedido perdón por los crímenes de la abyecta tiranía; en el fondo, siguen odiando a las víctimas de la dictadura y no están dispuestos a otorgar ninguna reparación, aun cuando sea simbólica. La ministra Matthei encabeza esta cruzada para atacar a las víctimas de los derechos, y siguen pensando que el único comunista bueno es el que está muerto. La derecha sigue soñando con el paraíso neoliberal que impuso Pinochet – que continuó la Concertación – razón por la cual Jovino Novoa escribe un libro donde hace una apología de la desigualdad y del reino absoluto del mercado, sin regulación alguna.
“Y si usted lo quiere, se hará regalar alguna preciosa ‘chinita’ de 14 abriles, tímida como una corzuela, de quien tendrá los huesos menudos y dócil como los gatos de San Juan” (de una carta del autor de Don Segundo Sombra, Ricardo Güiraldes, a su amigo francés Valery Larbaud. San Antonio de Areco, provincia de Buenos Aires, 22 de octubre de 1921).
Para explicar la izquierda se necesita un mapa, un diccionario, paciencia e imaginación. Con esos ingredientes es posible acercarse a sus límites, difusos, fractales, aburridos. Explicar un chiste le resta gracia, explicar la izquierda, marea.

Si existe algo que causa terror a la derecha chilena es la posibilidad de una asamblea constituyente. La asamblea constituyente es el Cuco que provoca la histeria de la derecha, sobre todo de la derecha pinochetista, representada por personajes como Hermógenes Pérez de Arce, Carlos Larraín, Raúl Hasbún, Pablo Rodríguez, Sergio Onofre Jarpa, Agustín Edwards, Pablo Longueira, Andrés Allamand y tantos otros golpistas del 73 y, por lo tanto, encubridores de los atropellos a los derechos humanos, entre lo que se cuenta la tortura, ejecuciones, desaparecidos, quemados vivos, degollados y violaciones. En nuestro país debería existir una ley que prohibiera el pinochetismo lo mismo que en Alemania se prohíbe el nazismo. Los criminales no deben tener derecho a voz ni voto en una sociedad verdaderamente democrática y respetuosa de los derechos humanos.


No hay personaje de izquierda, desperdigada, difusa, sonámbula, que de tarde en tarde no diga que somos más, que siempre lo hemos sido. Y que silencie el hecho que actuamos como si fuéramos pocos. Peor, aún como si no fuéramos.