
Imaginémonos, un solo instante, que Heinrich Himmler, jefe de la Gestapo, diera una conferencia de Prensa, desde una prisión “dorada”, y declarara que los campos de concentración nunca existieron y que los nazis jamás quisieron exterminar al pueblo judío. Sólo en Chile, un país anormal, el director de la DINA, Manuel Contreras, desde una cárcel de lujo, financiada por todos los chilenos – incluidos los familiares de detenidos desaparecidos, fusilados, torturados, exonerados, exiliados y ex presos políticos – se le da la oportunidad de dirigirse a toda la nación, a través de canales de televisión, para proferir mentiras, amenazas y declarar, en forma brutal, que la “Gestapo chilena” nunca violó los derechos humanos, jamás torturó, jamás asesinó, ni jamás hizo desaparecer personas – sólo se dedicó, según él, a combatir a los terroristas en una guerra de guerrillas -.

Estas tres personalidades han tenido el rol central en la tragedia chilena a partir de los revolucionarios años 60. Eduardo Frei y Salvador Allende – que de amigos pasaron a ser enemigos – se han reencontrado con la muerte en distintos momentos históricos, propinada por la misma mano criminal del innombrable: Allende, heroicamente en el combate de La Moneda y Eduardo Frei, asesinado por medio de sustancias químicas, en la otrora elegante Clínica Santa María. El único de estos tres personajes que salió indemne, tanto de la justicia nacional como internacional y que terminó muriendo en su cama, de puro viejo, fue el tirano, Augusto José Ramón Pinochet, para la indignidad de nuestra justicia.


La proximidad de las nuevas elecciones presidenciales chilenas ha permitido que emerja la nueva realidad política que existe en ese país, la que a algunos les está resultando difícil aceptar porque para hacerlo tienen que admitir no sólo errores sino también responsabilidades.
Pido mil disculpas por el tiempo que estuve encarcelado y haber utilizado recursos del Estado chileno. Pido mis disculpas por no haber entregado información útil a mis carceleros, que permitieran apresar a otros individuos de mi calaña y así terminar más rápido con la lacra que nos apestaba.
El Mercurio, su propietario, directivos y periodistas fueron promotores y partícipes de una campaña de deshumanización del oponente o enemigo político durante al menos seis años a partir de septiembre 1973.

El asesinato de chilenos por tropas bajo el mando de los cuatro generales alzados en contra del presidente Salvador Allende se inició cuarenta años atrás en la mañana del Once de Septiembre de 1973 y pronto, al día siguiente, decidieron “legalizar” las matanzas con la singular y falaz decisión de crear una guerra por decreto en la cual el único adversario sería simplemente el pueblo desarmado.