
Una de las características tranquilizadoras de las guerras europeas es que suelen tener comienzo y fin: una de las características intranquilizadoras de los conflictos colombianos es que nadie sabe con rigor cuándo comienzan ni cuándo terminan. La última guerra de la que tuvimos esos datos fue la llamada Guerra de los Mil Días. Desde entonces nuestras confrontaciones se han llamado, en los años cincuenta, la Violencia, y en las últimas décadas, el Conflicto. Ambas abarcan no un claro enfrentamiento entre ejércitos en campos de batalla sino un clima de acechanza y de terror, cuyas principales víctimas son civiles, hechos bélicos, pero también atrocidades que exceden el ámbito de la guerra, largos y multiplicados fenómenos de inhumanidad que van hundiendo a la sociedad en la sordidez, en la indiferencia, e incluso en la resignación.
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