
Si usted vive en la comuna de Maipú, querida lectora, en cualquier momento puede ser visitada por un funcionario municipal, para entregarle un presente. Debe tener paciencia y confiar en la suerte, porque se va a utilizar el sistema de bingo en la selección. La señora alcaldesa, doña Cathy Barriga, como tributo por ser usted mujer, le obsequiará un peluche o una gargantilla Swarevki. Y no es tomadura de pelo. Ella privilegia mantener el espíritu de unidad entre quienes trabajan día y noche en la comuna o la aplauden cuando habla, lo cual usted no realiza. Los favores se pagan y con largueza, según sea el caso. Compare lo que sucede con algunos parlamentarios y ministros manilargos, y el gasto de 69 millones es nada, más bien una gota de agua, en este capricho edilicio. Cifra reconocida por su evocación al amor. Ahora, si usted no votó por ella y sí lo hizo por los otros candidatos de la comuna, donde menudean rojos, rosáceos, renovados y los eternos desteñidos, bien puede recibir un calendario del 2019, con la fotografía de la señora Barriga, rebenque en mano, montada como amazona, en un caballo de fina sangre.


Cuando me lo contaron no lo creí, cuando lo vi pensé que se trataba de un montaje fotográfico de los enemigos del presidente Piñera, y aún lo sigo pensando a pesar que la noticia está dando la vuelta al mundo.
Hay una pugna amenazante de dos bloques diferentes/iguales. Uno es mejor que el otro, pero ambos coinciden en el tránsito a la crisis del colapso de los recursos naturales.
Parece mentira en lo que estamos con Bolivia. Va siendo hora de nuevas propuestas, y de prestar atención a las que en el pasado han puesto de mejor forma las cartas sobre la mesa.
Después del fallo de la Corte Internacional de Justicia, lo único razonable es que Chile y Bolivia inicien el diálogo amistoso que el mundo les está pidiendo. No basta con las comisiones que tratan problemas fronterizos, comerciales, migratorios, etc. El episodio de La Haya debe impulsar las relaciones chileno-bolivianas al más alto nivel. Ha llegado el tiempo de reanudar relaciones diplomáticas a nivel de embajadas para facilitar el diálogo. Y -¿por qué no?- de programar visitas presidenciales que subrayen la nueva etapa que comenzarán a vivir las relaciones de países hermanos.
No tomó mucho tiempo en el Frente Amplio el dominio de la ingeniería política propia del sistema que definen como corrupto, elitista y alejado de la gente. Por cierto, todas estas medidas administrativas parecen no considerar el país en el que vivimos, error o limitante de todos cuantos se dicen de izquierda.
Tanto que se habla de derechos humanos para arriba y para abajo, justamente para atacar a Venezuela y a Cuba, pero nombran Alta Comisionada de Derechos Humanos en las Naciones Unidas a una señora que no cree en ellos y que no tiene idea de la materia.