Al recibir la presidencia pro tempore de la UNASUR en nombre de Uruguay, Pepe Mujica pronunció un discurso realmente fuera de serie, que ha dado la vuelta al mundo en todos estos días. No solo por su contenido esencial, sino además por su tono, marcado por su impronta personal, su estilo directo y llano, su honestidad, su humanismo profundo, su amor a la gente. Él se emocionó ante el sentido homenaje que le estaba tributando el presidente Rafael Correa y todo el amplio auditorio que lo ovacionó; pero a la vez emocionó a sus oyentes de todo el mundo. Es una pieza oratoria que quedará en la historia. Telesur contribuyó de manera significativa a que adquiriera amplia repercusión internacional. Yo pude escucharlo íntegramente a través de ese medio, lo mismo que el discurso antes mencionado de Lula.

La publicación del Informe del Comité de Inteligencia del Senado de Estados Unidos dado a conocer días pasados describe con minuciosidad las diferentes “técnicas de interrogación” utilizadas por la CIA para extraer información relevante en la lucha contra el terrorismo. Lo que se hizo público es apenas un resumen, de unas 500 páginas, de un estudio que contiene unas 6.700 y cuya primera y rápida lectura produce una sensación de horror, indignación y repugnancia como pocas veces experimentó quien escribe estas líneas.[1] Los adjetivos para calificar ese lúgubre inventario de horrores y atrocidades no alcanzan a transmitir la patológica inhumanidad de lo que allí se cuenta, sólo comparables a las violaciones a los derechos humanos perpetradas en la Argentina por la dictadura cívico-militar, o las que en el marco del Plan Cóndor se consumaron en contra de miles de latinoamericanos en los años de plomo.
Desde hace unos meses en Chile ha surgido una nueva teoría de la política y la democracia. Nada menos.
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A Julio César Mondragón

